La Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña conmemoró este mes los 205 años del nacimiento de Juan Pablo Duarte, padre de la patria, con una serie de actividades el miércoles 24 y el viernes 26 de enero 2018.

 

El miércoles, ofrecimos una charla sobre Juan Pablo Duarte que tuvo como expositores al historiador  Orlando Inoa, biógrafo de Duarte y al pintor Miguel Núñez, quien ha realizado numerosos retratos del fundador de nuestra República.

 

Los homenajes continuaron temprano la mañana del viernes con un izamiento de bandera que incluyó la participación artística del Coro Biblio, agrupación coral compuesta por empleados de nuestra institución, y del actor Iván García, colaborador nuestro en el área de Gestión Cultural.

 

A media mañana nos trasladamos al Altar de la Patria, funcionarios y empleados de la BNPHU, para depositar una ofrenda floral,. Una vez dentro del panteón, a los pies de la estatua del patricio, nuestro Director, Diómedes Núñez Polanco dedicó unas palabras en su honor.

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Miércoles, 06 Diciembre 2017 05:45

Derecho a la educación

Mediante una sentencia del 2013, el Tribunal Constitucional estableció que la educación es un derecho individual, que en caso de ser violado su protección solo puede ser reclamado por su titular.

De esa manera, desconoció calidad a un grupo de organizaciones sociales para reclamar la protección del derecho a la educación en nombre de algunas personas, declarando inadmisible una acción de amparo que interpusieron por considerar que carecen de legitimación.

La acción de amparo fue motivada en una circular que emitió la Dirección General de Migración, mediante la cual prohibía al Ministerio de Educación la inscripción de extranjeros en situación de irregularidad migratoria en los planteles públicos.

Las organizaciones sometieron una acción de amparo ante la Segunda Sala de la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, la cual fue rechazada.

En el dispositivo del fallo el tribunal civil declaró: “La Dirección General de Migración, en modo alguno, traza pautas en los recintos escolares relativo a la inscripción y recepción de los hijos de extranjeros no residentes, ni emplea medios o subterfugios legales o de hechos tendentes a menoscabar el derecho a la educación de los niños, niñas y adolescentes de hijos de extranjeros no residentes”.

Las organizaciones sociales sometieron un recurso de revisión ante el TC contra esa sentencia, el cual también lo rechazó.

En cambio, el TC acogió otro recurso de revisión que en contra de ese mismo fallo interpusieron la Dirección General de Migración, la Junta Central Electoral y el Ministerio de Interior y Policía y anuló la sentencia recurrida, por haber sido dictada por un tribunal incompetente, ya que al tratarse de un acto administrativo, corresponde conocerlo a la jurisdicción contenciosa administrativa. (TC-123-13).

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Instituciones como las bibliotecas tienen que jugar un papel moderador porque somos gestoras colectivas de derechos: de propiedad intelectual y de acceso a la información”.

Con esta expresión, Lucero Arboleda de Roa, directora ejecutiva de la biblioteca Emilio Rodríguez Demorizi del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) trata de resumir las dificultades que presentan estos espacios del conocimiento para proveer al usuario contenidos académicos pertinentes y de fácil acceso a través de las herramientas tecnológicas.

Explica que el acceso a la información está limitado al pago de licencias, por lo que todo lo que tienen en línea es propiedad de la academia ya sea porque lo ha comprado, recibido en donación o que cuenta con suscripción.

Pone de ejemplo que la academia tiene en forma virtual todos los documentos del proceso de reforma y capitalización de las empresas públicas porque le fue cedida. Sin embargo no puede hacer lo mismo con la colección de Emilio Rodríguez Demorizi, de la cual aunque es custodia aún quedan derecho de autor vigentes por descendencia.
De ahí que reitera que deben luchar entre la libertad de acceso y la preservación de derechos.

“Somos muy cuidadosos en esa labor de gestores colectivos de derechos aun cuando no se reconoce en la sociedad”.

Afirma que la vida intelectual es un derecho fundamental, y no pueden “fusilar a un autor poniendo sus obras sin ningún permiso” por lo que tienen que buscar medidas para garantizar el acceso preservando ese derecho.

Pone de ejemplo que documentos como las tesis, no salen de la biblioteca ni puede ser fotocopiadas por particulares e incluso aún el autor tiene que hacer un trámite para una copia.

Aspiración. Con millones de títulos, además del impreso, el Intec tiene una amplia colección de libros electrónicos y cada día crece (17,700 al momento de esta entrevista). Los estudiantes pueden acceder a ellos a través de diversas modalidades tanto en el campus o desde fuera.

Arboleda explica que aspiran a que la biblioteca esté en la “palma de la mano”, pero hay muchas restricciones por el tema del derecho de autor. Por ejemplo el catalogo en línea lo tienen disponible a través de cualquier dispositivo, pero el sistema de préstamos dependerá de la exigencia del proveedor, pues algunos permiten que el usuario los bajen a los dispositivos, otros con acceso en línea 24/7 y otro solo en el campus.

Aunque afirma que cada año la colección se enriquece, con el libro impreso se está volviendo más difícil. “Creíamos que iba a ser más fácil e incluso más sostenible económicamente y no ha sido así porque las grandes empresas prácticamente se van convirtiendo en monopolio y ellos ponen las reglas de juego e incluso quieren poner cuotas por número de veces que se baja un documento”.

Arboleda destaca que el Internet es una industria y lo que se accede libre es un porcentaje mínimo con relación a lo que tiene valor científico porque eso cuesta y se adquiere bajo licencia.

Recorrido. La biblioteca de Intec, así como los laboratorios, es parte de la estructura fundamental de la universidad, destaca Arboleda. De ahí que ese espacio de 3,600 metros cuadrados fue levantado en el centro del campus.

A diario llegan en promedio 1,000 usuarios, de los cuales el 15% son externos. Tiene un horario de lunes a viernes de 8:00 de a.m. a 10:00 p.m; sábados hasta las 5:00 de la tarde y los domingos hasta las 4:00.

Cuenta con espacios para grupos, docentes, hemeroteca, de acceso directo y para capacitar usuarios especializados en acceso a datos, servicio que se le brinda también a profesionales externos. Tiene libros electrónicos de literatura universal y obras cortas que se pueden llevar en tabletas para estimular la lectura en los jóvenes. También algunos están en audio.

Hay una estación para acceder al catálogo en línea y cuando se elige un libro se puede ver virtualmente el lugar que ocupa en la estantería y las publicaciones que están a su lado. Cuando se escoge un libro en línea aparece el resumen de la obra, los temas y cantidad de ejemplares disponibles.

La web tiene un buscador que rastrea autores por sus escritos o sobre ellos y además busca por palabras.

Uno de los orgullos de Arboleda es la sala dominicana del Intec, que ha sido depositaria de valiosas colecciones privadas, como apoyo a la preservación del patrimonio intelectual criollo, en su mayoría en humanidades. “Entendemos que sin esas raíces no es posible echar follaje”.

Y como anécdota sobre su importancia cuenta que desde España una joven que hacía un doctorado en literatura hispanoamericana pudo acceder a obras de Juan Bosch, luego vino al país a completar su investigación, logrando una tesis con máximos honores.

Vínculo social. Para Arboleda la biblioteca representa uno de los vínculos con la sociedad al destacar que la igualdad de oportunidad de acceso a la educación no es solo a través de lo formal, sino de los recursos que se pueda poner a disposición de todos sin intermediación.

Afirma que el primer rasgo fundamental de la biblioteca como instancia pública es el libre acceso a información con vocación de conocimiento y pluralidad a través de lo virtual y lo presencial.

Pero no se trata de una búsqueda desorganizada, expresa, sino a través de una estructura de conocimiento que tiene que ver con normas internacionales y criterios profesionales.

“El tema de formar individuos para que interactúen en el mundo del conocimiento, es una responsabilidad de la universidad”, expresó, al lamentar que no se está formando individuos para ser gestores de información con vocación de conocimiento, sino simple consumidores.

Es por esto que asegura la universidad se ha empeñado en ofrecer un espacio para la investigación y la generación de nuevos conocimientos, coexistiendo entre lo que está registrado en formatos tradicionales, impresos, multimedia y otras modalidades a través de herramientas tecnológicas que ayudan a buscar resultados pertinentes.
Igualmente dice se preocupa por la formación de sus usuarios a través lo que denomina “alfabetización informacional”.

Señala que el Intec enfatiza el tema de la lectura y la escritura a través de diversas estrategias.

“Que usted pueda hacer una búsqueda sin perderse en millones de páginas, sin perderse en millones de palabras, sino de la manera que el sistema le devuelve como respuestas es más coherente con sus expectativas”.

Arboleda considera que la biblioteca debe ser un espacio de continuación de lo que sucede en el aula para lo cual debe tener interlocutores válidos. “Es lo que normalmente no existe en la realidad y se ven alumnos muy desorientados y haciendo trabajos tipo copy page porque no se articula un equipo en torno a la docencia, en la cual el bibliotecario es una parte fundamental”.

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Un total de 115 ediciones impresas y también en formato digital fueron entregadas a la Biblioteca Nacional de República Dominicana en el marco de conmemorar 10 años de circulación de La Gran Época en este país.

SANTO DOMINGO – La Gran Época hizo formal entrega a la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña de República Dominicana un compendio de 115 ediciones que comprende desde su primera publicación en octubre de 2007 a su más reciente número el pasado mes de noviembre. El acto se efectuó en conmemoración a 10 años de circulación de La Gran Época en el país caribeño y en cumplimiento de la ley 112-71 de Depósito legal que dispone la obligación de entregar a la Biblioteca Nacional toda publicación periódica.

De esta forma, las ediciones impresas en español del periódico La Gran Época, pasan a formar  parte del patrimonio bibliográfico y cultural de la Biblioteca Nacional y los usuarios a su vez pueden valorar la calidad de su contenido.

Rocio Morillo, encargada del Depósito Legal de la mencionada institución, recibió de la coordinadora local de La Gran Época las 115  ediciones impresas así como el archivo en formato digital correspondiente a cada número, mes y  año de las distintas publicaciones, las cuales estarán disponibles para los usuarios de la Biblioteca Nacional.

Reseña de La Gran Época

La Gran Época pertenece al grupo editorial Internacional Da Ji Yuan o (Epoch Times, en inglés). Su sede central se encuentra en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, y posee una red de periodistas locales en todo el mundo.

La primera edición se publicó en chino y, a partir de 2004, se lanzó en inglés. Luego le siguieron publicaciones locales impresas por oficinas regionales, incluidas en español en Argentina, España y México. En octubre del año 2007 se sumó República Dominicana .

 

La Gran Época es el periódico independiente de más amplia distribución en todo el mundo, con publicaciones en 35 países y 21 idiomas.

Durante estos 10 años, La Gran Época en República Dominicana ha informado al lector, con veracidad e independencia sobre la realidad de China y su influencia en el resto del mundo, acercando -a su vez- a los occidentales a la auténtica cultura tradicional china.

La Gran Época pertenece al único grupo editorial del mundo con capacidad de ofrecer noticias sin censura desde el gran país asiático, gracias a la labor de los corresponsales que desafían el control informativo del régimen comunista chino.

Si bien La Gran Época es un medio especializado en China, también incluye informaciones importantes sobre el resto del mundo, contando con un alto contenido educativo, moral y cultural.

Sobre la Biblioteca Nacional y el Deposito Legal.

Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, Santo Domingo, República Dominicana. (La Gran Época)

La Biblioteca Nacional de República Dominicana tiene como misión garantizar el desarrollo integral y afianzar la identidad nacional de todos los dominicanos, dentro y fuera del país, mediante la adquisición, organización y facilitación de acceso a la información de la producción intelectual, en todos sus formatos y soportes, así como orientar técnica y metodológicamente la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

Tiene la visión de salvaguardar la producción intelectual de los dominicanos y fomentar el estudio de la dominicanidad mediante la creación y consolidación de una biblioteca digital que registre la memoria bibliográfica de la nación y una red nacional de bibliotecas públicas municipales que estén al servicio de la educación y la cultura nacional.

Referente al Depósito Legal es la obligación impuesta por Ley de entregar a la Biblioteca Nacional tres (3) ejemplares de toda la producción editorial en cualquier tipo de soporte, por cualquier procedimiento (impresión, grabación sonora,  producción audiovisual o electrónica) realizados en el país caribeño.

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Viernes, 01 Septiembre 2017 15:38

Eterna amistad: Bosch y Fidel

-y XVI-
Ahora finalizamos esta serie de artículos, iniciada el 9 de diciembre de 2016, en que hemos estado reseñando los momentos más destacados de la intensa, larga y entrañable amistad entre Juan Bosch y Fidel Castro. Desde los aciagos días de la expedición de Cayo Confites contra Trujillo, en 1947, hasta aquella mañana de domingo, en agosto de 1998, en que se confundieron en un fuerte abrazo, en la visita que el Comandante en Jefe les hizo a él y a doña Carmen en su residencia de Santo Domingo.
Al día siguiente de que Fidel cerrara sus ojos para siempre y se conociera esa noticia que conmocionó el mundo, nos comunicamos con el embajador cubano en República Dominicana, Carlos Jesús de la Nuez López, para informarle que habíamos sido designados por la Fundación Juan Bosch, junto a Patricio Bosch, quien reside en La Habana, para asistir a los funerales del líder histórico de la Revolución cubana. Así participamos en los multitudinarios actos con que se le despidió: en la Plaza de la Revolución, en La Habana, el 29 de noviembre, y en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, el 3 de diciembre.
Fidel falleció el 25 de noviembre de 2016, el mismo día que sesenta años antes habían zarpado en el yate Granma, desde el río Tuxpan, en Veracruz, México, hacia Cuba él y sus compañeros. El Gobierno cubano declaró nueve días de duelo nacional. Más de veinticinco presidentes y primeros ministros de todo el mundo; así como representaciones de Rusia, Estados Unidos y China, se encontraron en La Habana, para asistir a sus funerales.
En momentos distintos del novenario del duelo nacional, también los dominicanos estuvimos presentes. Desde el presidente de la República, Danilo Medina, hasta Leonel Fernández, presidente del PLD. En la ocasión, también, el senador Félix Nova Paulino, su esposa Arelis Hiciano, el embajador dominicano en Cuba, Joaquín Gerónimo, nos encontramos y compartimos. De Santiago de Cuba, regresé a La Habana con la periodista Edith Febles, de CDN, y otros comunicadores nacionales y extranjeros.
Entre los homenajes de Cuba a su líder histórico, estuvo la realización de la Caravana de la Libertad a la inversa, rememorando el recorrido que casi a lo largo de toda la isla -unos mil kilómetros- hizo el Fidel triunfante de 1959, desde Santiago de Cuba, el 1 de enero, hasta La Habana, el 8 del mismo mes. Ahora, la urna con sus cenizas y la comitiva militar que la acompañaba, saldrían desde La Habana, el 30 de noviembre, hasta Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016. Sus restos fueron inhumados en el Cementerio Santa Ifigenia, de esa ciudad, necrópolis de próceres y mártires, donde estarán junto a los del Héroe Nacional cubano José Martí.
En ocasión del fallecimiento de Bosch, Fidel le envió una carta de pésame a doña Carmen y a sus familiares, a mano de Armando Hart Dávalos, miembro del Consejo de Estado y director de la Oficina Nacional del Programa Martiano. Le acompañó a la residencia de los Bosch-Quidiello, el entonces embajador cubano en República Dominicana, Miguel Pérez.
La delegación cubana se trasladaría con doña Carmen a la Casa Nacional del Partido de la Liberación Dominicana, donde estaban expuestos los restos del prócer, patriota y del más destacado pensador dominicano. Antes de partir, hubo un momento de gran emotividad, entre familiares y amigos presentes, cuando Patricio Bosch leyó en voz alta la carta-pésame de Fidel Castro. Citamos algunos párrafos:
“El pueblo dominicano, el caribeño y el latinoamericano pierden en él a uno de sus más ilustres hijos, y Cuba, en especial, a un gran amigo, por el que nuestro pueblo sentía profunda admiración y cariño.
“Profundo pesar me ha causado la triste noticia de la desaparición física del insigne político, escritor e intelectual dominicano Juan Bosch, a quien me unían especiales lazos de amistad. En tan doloroso momento, le hago llegar a Usted, a sus hijos y demás familiares, en nombre del pueblo y el gobierno cubano, nuestras más sentidas condolencias”.
Fidel siempre mantuvo viva aquella relación iniciada en 1947: “Muchas veces nos íbamos para un extremo de la isla y conversábamos -contaría el líder cubano muchos años después-; sus palabras me marcaron mucho. Así nos hicimos amigos. La amistad tiene un mérito por su parte, él ya era una personalidad y yo era un estudiante joven que no significaba nada entre tantos jefes, coroneles… Sin embargo, Bosch me trató con mucha deferencia y consideración”.

 
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Como ya es costumbre, el mes de marzo recibe el Festival Nacional de Teatro Aficionado Emilio Aparicio, esta vez en su edición número 16, evento en el que participarán agrupaciones teatrales de la capital y el interior del país conjuntamente con agrupaciones invitadas especiales de Haití y Puerto Rico.

El evento se inaugurará en la sala Monina Solá del Centro Cultural Narciso González, a las 10:30 de la mañana, con la puesta en escena de la obra “Azul Imposible”, de la agrupación Ojo Azul Teatro, integrada por jóvenes actores del Distrito Nacional.

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Esta décima sexta versión trae como novedad la integración del Centro Cultural Mauricio Báez, que ha puesto sus instalaciones al servicio de este clásico evento del teatro dominicano, informa Basilio Nova, quien desde el año 2006 se desempeña como Director y Productor del Festival Emilio Aparicio, un evento del Ministerio de Cultura, con que el que conmemora el Mes del Teatro y el Día Nacional del Teatro Dominicano, instituido por Decreto Presidencial en marzo del 1979 por el fenecido Presidente Antonio Guzmán, acogiendo una solicitud de la gente de teatro.

El Emilio Aparicio también se trasladará a varias provincias del interior y se extenderá hasta el domingo 20 de marzo, y propone una variada programación de espectáculos teatrales dirigidos a la diversión y entrenamiento, del público infantil, adolescente y adulto, en horarios de 10:30 am, 3:00 pm y 7:00 pm.

Basilio Nova, director y productor del citado evento, destacó el apoyo que ha mantenido el ministro de Cultura, cantautor José Antonio Rodríguez, para la organización del evento.

De igual manera, Nova enfatizó que el Emilio Aparicio es el único espacio que tienen las agrupaciones teatrales no profesionales y estudiantes de teatro de todo el país para exhibir su talento.

Este festival se realiza en homenaje y recordación de Don Emilio Aparicio Martínez, fundador del Cuadro de Comedias, del Teatro Escuela de Arte Nacional y creador del Teatro Profesional Dominicano (1946), concluye Nova.

 

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BNPHU: LUGAR DE INTERÉS DE EMBAJADORES - Por lo general, las bibliotecas nacionales del mundo, consideradas instituciones emblemáticas de las naciones, son lugares que concitan el interés de los embajadores de los diferentes países que tienen representación local.

En el día de ayer recibimos la sorpresiva visita del Embajador de Panamá en R. D., Señor Alberto Magno Castillero Pinilla. Fue recibido por la señora Marítza Merejo, la Dra. Célida Alvarez, Sabrina Collado y Yosara Roa (Encargada Administrativa, Encargada de Área Técnica, Encargada de Hemeroteca y Asistente del Despacho del Director).

En la charla que sostuvieron, el embajador confesó su necesidad de consultar la bibliografía que la BNPHU tiene sobre la "era de Trujillo", ya que está muy interesado en conocer la historia de nuestro país. En la foto, el embajador posa con el grupo de damas, y con la Dra. Alvarez, quien hizo entrega al embajador de una muestra de los libros editados por la BNPHU.

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"¿Se han preguntado qué libros atesora la biblioteca de un Nobel de Literatura?".

Con esta duda, Marío Arce, director de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, en Arequipa, Perú invitó a BBC Mundo a recorrer la colección de libros del escritor peruano en su ciudad natal.

La biblioteca que se encuentra en una casona antigua de piedra en el centro histórico de Arequipa cuenta con 7.900 títulos que van desde ficción, historia, ciencias sociales y revistas, pero el número seguirá creciendo, aseguró Arce.

La sala se divide en dos secciones. Por un lado, los libros a los que los socios de la biblioteca pueden acceder libremente y por otro, una sección restringida al público en la cual se encuentran los ejemplares que Vargas Llosa subrayó, hizo anotaciones y cuyas dedicatorias los hacen únicos.

Entre ellos están Gabriel García Marquez, Carlos Fuentes, Miguel Ángel Asturias, autores de distintas nacionalidades y en varios idiomas", explicó Arce.

"Son libros que nosotros consideramos patrimonio bibliográfico porque el hecho de tener anotaciones de puño y letra de Vargas Llosa con valoraciones críticas de cada una de estas obras le da un valor específico que seguramente serán materia de análisis por parte de los estudiosos de la obra de Mario Vargas Llosa", añadió.

Estos libros, considerados un tesoro de la biblioteca, representan casi la mitad de la totalidad los ejemplares donados por el escritor peruano.

Tesoros firmados

Entre los títulos personales de Vargas Llosa se encuentra "El tuerto es rey" del ya fallecido escritor mexicano Carlos Fuentes especialmente dedicado al premio Nobel.

"Estos libros aún no están a disposición del público para conservar" estos mensajes, justificó Arce.

Otro de los títulos es "Hombres de maíz", del guatemalteco y también premio Nobel de literatura, Miguel Ángel Asturias.

"Este libro fue estudiado por (el crítico) Gerarld Martin, gran biógrafo de Gabriel García Márquez y también de Miguel Ángel Asturias y ahora de Mario Vargas Llosa.

"Este ejemplar en particular perteneció a Martin, pero hace más de 20 años se lo envió a Mario para que hiciera el prólogo de una edición crítica que él estaba elaborando de la obra de Asturias", contó el director de la biblioteca.

"Por azar del destino, Martin estuvo en la biblioteca el año pasado y pidió revisar este ejemplar. Allí dio con la sorpresa de que las anotaciones habían sido hechas por él y se emocionó muchísimo de reencontrarse con un libro suyo después de muchos años", relató.

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Y un tercer libro es una edición de "Cien años de soledad" del colombiano Gabriel García Márquez.

En él se puede ver que Vargas Llosa hizo infinidad de anotaciones.

"Mario ha diseccionado la obra habiéndola leído de una manera que supone un estudio crítico del contenido del libro de Gabriel García Márquez", agregó Arce.

Y en su primera página quedó grabada la letra a mano del colombiano y también Nobel de Literatura.

"Para Mario de su descuartizado, desmenuzado y desenmascarado hermano, Gabriel (1972)".

Noticia tomada de : http://www.bbc.com/mundo/noticias-38362244

 

 

 

 

 

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Lunes, 20 Noviembre 2017 23:03

Biografía de Salomé Ureña

Periodista, poeta, escritor, historiador y ensayista.   Bonao, provincia Monseñor Nouel, República Dominicana, 16 de agosto, 1952.La breve vida de Salomé Ureña de Mendoza.

 
Ascendencia de la poetisa
Salomé Ureña, la más insigne de nuestras poetisas, descendía de dos familias dominicanas muy antiguas: la Ureña y la Díaz. Todos los antecesores de Salomé eran dominicanos. El apellido Ureña probablemente procedía de Santiago de los Caballeros y el Díaz de la parte este de la isla.
 
Caracterizaba a ambas familias la pobreza secular imperante, provocada por las vicisitudes que atravesaba la isla de Santo Domingo. 
 
Para entonces nuestro terruño estuvo de “manos en manos” –una vez inglés, otra francés, después Español--. Debido a ello, la parte de la isla que ocupábamos había pasado a jugar un papel de escasa importancia a los intereses de los diferentes imperios.
 
Salomé Ureña era hija de Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz y León. La madre de Salomé, nació el 25 de diciembre de 1819 y murió en 1914; era hija de Pedro Díaz y Castro, hombre de grandes negocios y de hatos que en una época anterior había ocupado muchas tierras en el este de la isla. 
 
Francisco Ureña, padre de Nicolás Ureña de Mendoza, era hijo de Carlos de Ureña y de Catalina Mañón, perteneciente a una familia que había sido rica y había tenido esclavos que tomaron su apellido. Se casó con Ramona de Mendoza, de Santiago de los Caballeros. Francisco Ureña era dueño de una buena casa de altos, situada en la calle de las Mercedes, entre la del Estudio (actual calle Hostos) y la de los Mártires (actual calle Duarte). 
 
Nicolás Ureña de Mendoza, padre de Salomé, nació el 25 de marzo de 1822 en la casa No.37 de la calle Mercedes. Fue un hombre de gran cultura. Desde muy niño comenzó a escribir versos. Fue poeta, abogado de buena reputación, ocupó cargos de Senador y de Magistrado y se dedicó al magisterio y al periodismo. 
 
Tuvo una vida fecunda y abarcó todos los aspectos de la vida cultural en Santo Domingo. Entre sus poesías están El Guajiro Predilecto, que es del tipo de nuestros cantos populares; Recuerdos de la Patria y A Sánchez. Escribió canciones como Las Serranas; algunas Pastorelas y poesías de asuntos religiosos. Se complacía en hacer epigramas y dejó una serie con el título de Epitafios.
 
Abarcó el género popular, el culto, el costumbrista y la oratoria. Murió el 3 de abril de 1875 en la misma casa en que nació. 
 
Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz de León, padres de Salomé, celebraron sus nupcias en la ciudad de Santo Domingo, el 25 de diciembre de 1847. Formaron hogar de la casa No. 37 de la calle Mercedes. 
 
Primeros Años
Salomé Ureña y Díaz de León nació en la ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana, el viernes 21 de octubre de 1850. Serían las 6 de la mañana cuando las campanas repicaron en el barrio de Santa Bárbara para anunciar su llegada al mundo. Ello ocurrió en la casa de su abuela materna, hoy calle Isabel la Católica número 84. Por un azar del destino, Salomé vería la luz al lado de la casa de Juan Pablo Duarte. El Dr. Pedro Delgado y Ana Díaz de León, fueron sus padrinos. Su única hermana, Ramona, nació el 26 de octubre de 1843 y murió en Santiago de Cuba en 1936. 
 
Para entonces la Zona Colonial de Santo Domingo era pequeña y tenía acentuado aspecto colonial. Estaba rodeada de murallas y fosos hacia el campo. Las puertas se cerraban al llegar el crepúsculo, como ocurría en los grandes castillos del siglo XVI. Si no en todas las entradas a la ciudad, al menos ello ocurría en la Puerta del Conde de Peñalba, que para entonces daba lugar a lo que después se denominó “La sabana del Estado”, que es el espacio físico que hoy ocupa el parque Independencia. 
 
La mayor parte de los edificios estaban en ruinas. Entre ellos se destacaban la Universidad de los dominicos, el Estudio que había sido Universidad de Santiago de la Paz, el Convento de San Francisco, el de la Merced, la iglesia de San Antón, la iglesia de San Nicolás, el Convento de Regina Angelorum, el Palacio del Almirante Diego Colón y muchas casas particulares. Largos años de emigración continua habían empobrecido la ciudad. Todo estaba en ruinas.
 
El nacimiento de Salomé Ureña ocurrió poco después de la fundación de la república, durante el primer Gobierno de Báez. Nuestra poetisa creció en un ambiente de discordias, entre incontables luchas intestinas fraticidas. Por lo mismo que vivió en una época de tanta agitación, de tan incesantes perturbaciones al interior del pueblo dominicano, su espíritu se agigantó con el dolor y se hizo cada día más fuerte. 
 
Salomé tuvo una niñez muy precoz. Su madre la educó en los asuntos esenciales y a los cuatro años leía de corrido. Su infancia discurrió en las aulas de dos pequeñas escuelas de primeras letras, únicas permitidas entonces a las mujeres. 
 
Sus lecturas y sus estudios de la adolescencia fueron hechos bajo la dirección de su padre, de quien recibió lecciones de Literatura, Aritmética y Botánica. Por esta última ciencia la niña comenzó a sentir gran pasión. Con su padre aprendió a declamar los versos de sus poetas predilectos. Salomé tenía una "memoria fotográfica". La cantidad de poesías que recitaba de memoria y solía repetir entre sus íntimos, lo mismo que su hermana Ramona, era incalculable. 
 
Vocación Poética
Desde muy temprano, Salomé comenzó a cultivar su talento poético. A los 15 años escribió versos; a los 17 los publicó por primera vez, calzados con el seudónimo de Herminia, que llegó a ser totalmente conocido. 
 
En 1874 otra "Herminia" aparece firmando un artículo en prosa en el periódico El Centinela. Desde entonces Salomé comenzó a firmar sus versos con su nombre, alcanzando elogios como el de don Marcelino Menéndez y Pelayo, quien escribió que "para encontrar poesía en Santo Domingo hay que llegar a José Joaquín Pérez y a Salomé Ureña". 
 
Carácter patriótico
Desde muy niña, Salomé Ureña asimiló los principios sobre la patria que había heredado de su abuelo y de su padre. Sus primeros años discurrieron en una época alternativa de paz y de guerra. Su inexperiencia tropezó con la terrible Anexión a la antigua Metrópoli, fenómeno que sacudió los cimientos más profundos de su atribulado corazón. El espectáculo de la guerra nacionalista contra España y luego las guerras civiles, acrecentaron su amor a la patria y la convirtieron en una poetisa patriota. 
 
Según expresión de César Nicolás Penson, ella "fue poetisa vaticinadora en cuyos épicos cantos predominaba siempre la nota patriótica con los encendidos y vehementes anhelos y alientos de titán. Vidente como los grandes vates de las revoluciones del espíritu, Olmedo, Heredia y Quintana, recogió la herencia de sus estrofas altivas y apasionadas, y sorprendió a la América y al mundo…" 
 
Salomé soñó con el bienestar de su país y dedicó sus versos a inclinarla hacia la paz y el progreso. A través de su ardoroso patriotismo logró hacernos comprender mejor lo que es la patria. En una de sus primeras composiciones al hablar de la patria dice: 
 
¡Oh! Patria, voz divina, sublime y dulce nombre 
a cuyo acento el alma palpita de emoción...
 
Ya para esa época llaman la atención en Santo Domingo y en otros países de la América sus composiciones patrióticas. La nota del progreso y del amor a la patria es el tema de toda su poesía desde el año 1873 hasta el 1880. 
 
Fueron muchos y frecuentes los tributos de admiración y simpatía que mereció en vida Salomé Ureña, sin que por nada se quebrantase su modestia. Fue socia de Mérito y Honor de las sociedades Amigos del País, de Santo Domingo; de la Fe en el Porvenir, de Puerto Plata; y de casi todas las asociaciones benéficas, literarias o artísticas de la república. Fue, también, Miembro Honorario del Liceo de Puerto Príncipe, de Cuba, y de la Sociedad Literaria Alegría, de Coro, Venezuela. 
 
Son muchas las poesías de Salomé Ureña que pueden tomarse como ejemplo de ese fervor patriótico que tuvo tan honda influencia en el gran poeta Gastón Deligne, en cuyos versos dedicados a la poetisa muerta hacía esta afirmación y este elogio: 
 
Ella, al menos, mantuvo con su aliento 
de una generación los ojos fijos 
en el grande ideal. Aún llena el viento 
la seductora magia de su acento, 
y aún hablará a los hijos de los hijos...
 
El Instituto de Señoritas
Durante los años 1878 y 1879 se dedicó Salomé Ureña a ampliar su cultura científica y literaria. Francisco Henríquez y Carvajal, admirador del talento de la poetisa, cuyo nombre volaba ya en alas de la fama, la ayudó a completar su educación. Para ello, contrajo matrimonio con ella en febrero de 1880.
En 1879 había llegado a la república Eugenio María de Hostos, a quien se le encomendó la organización de la Escuela Normal de Santo Domingo en 1880, y de quien fue Francisco Henríquez y Carvajal activo colaborador. 
 
Animada en su ideal por el compañero de su vida, fundó el 3 de noviembre de 1881 el Instituto de Señoritas, primer plantel femenino de Enseñanza Superior en la república, sin duda la escuela de mujeres más importante que ha habido en el país. Fue inaugurado con sólo 14 alumnas. Su consagración al magisterio fue tan radical que prefirió las duras glorias de éste, antes que los laureles de la poesía. Ya lo dijo Hostos: "La mujer quisqueyana no ha tenido reformadora más concienzuda de la educación de la mujer". 
 
El Instituto de Señoritas ofreció un rápido triunfo espiritual, y en abril de 1887 se celebró la investidura de las seis primeras maestras: Leonor M. Féliz, Mercedes Laura Aguiar, Luisa Ozema Pellerano, Ana Josefa Puello, Altagracia Henríquez Perdomo y Catalina Pou. En aquella ocasión Hostos pronunció uno de sus más bellos discursos. 
El Instituto de Señoritas fue por largos años dulce y fecundo hogar para sus discípulas. La maestra amada era madre y confidente de aquellas niñas "templadas al calor de sus anhelos". Gastón Deligne lo dijo en versos soberanos: 
 
¡Fue un contagio sublime! Muchedumbre 
de almas adolescentes la seguía 
al viaje inaccesible de la cumbre 
que su palabra ardiente prometía...
 
Dos grupos de maestras fueron investidas, examinadas ante la Escuela Normal, siempre dirigida por Hostos. Cuando el Dr. Henríquez regresó de Europa, el 6 de julio de 1891, encontró tan desmejorada la salud de su esposa y tan agotadas sus fuerzas, que poco tiempo después la convenció de que necesitaba descansar. En diciembre de 1893 fue clausurado el memorable Instituto de Señoritas. El instituto permaneció cerrado hasta enero de 1896, cuando fue nuevamente abierto. La reapertura se debió a las hermanas Luisa Ozema y Eva Pellerano Castro. Después de fallecida la poetisa, sus discípulas le dieron al Instituto el nombre de Salomé Ureña. 
 
Muere nuestra gran poetisa
La vida de Salomé Ureña de Henríquez se resume en dos hechos esenciales: soñó con el bien de su patria y dedicó sus versos a encaminarla hacia la paz y el progreso. Después creyó que esto no bastaba, y se dedicó a la educación de la mujer. Hay dos momentos culminantes en su vida: el día en que le fue entregada una medalla costeada por suscripción pública como homenaje a la cantora del ideal de una patria mejor; y el día en que se graduaron sus primeras discípulas, prenda de algo que ayudaría a encaminarse por un mejor sendero el destino de la patria. 
 
El angustioso proceso de su muerte se inició en enero de 1897. El día dos regresó de Puerto Plata a Santo Domingo. El día ocho se sintió decaer, y a los quince días se agravaba: asistíanla los doctores Ramón Báez, Salvador B. Gautier y J.F. Alfonseca. El esposo ausente llegó de Haití el siete de febrero. Se redoblaron los esfuerzos de la ciencia y del cariño hasta lograr apartarla por unos días de la tumba. 
 
Pro todo fue en vano… Salomé murió rodeada del cariño de todos, el día 6 de marzo de 1897. Su entierro fue una manifestación cívica. Fue sepultada en la iglesia de las Mercedes. "Ante su tumba -exclama don Arturo Pellerano Alfau- el corazón se llena de congojas y la palabra se anuda en la garganta" y agrega: "Para su cuerpo es bastante ese lecho de tierra donde va a dormir el sueño eterno, pero para su gloria son ya pequeños los ámbitos de América". "Mujer de la Biblia", la llamó César Nicolás Penson. Y el grande amigo de la poetisa, el poeta José Joaquín Pérez, recitó conmovido sus más dolientes versos ante la tumba de la excelsa cantora: 
 
Cuanto en su lira enalteció, se inclina; 
cuanto su alma adoró con fe, la llora: 
apagado está el sol y nada brilla: 
todo se desvanece y descolora...
Publicado en RED DE BIBLIOTECAS
Lunes, 20 Noviembre 2017 18:45

Biografía de Pedro Henríquez Ureña

content image 617 1349822182Pedro Henríquez Ureña es un ejemplo americano

Desde su fallecimiento en 1946, figuras señeras de  las letras americanas y de otras latitudes del universo intelectual han escrito innumerables documentos resaltando las condiciones especiales  que adornaron ese hijo de nuestra tierra que se llamó Pedro Henríquez Ureña. Desde ese punto de vista, no podemos pretender nosotros remarcar criterios expuestos con suma precisión, profundidad  y certeza acerca de este fenómeno de las letras americanas, sino más bien resaltar algunos elementos que pensamos contribuirán a que recordemos algunas facetas de su paso por la vida que pensamos no han sido abordadas suficientemente, pero que nos interesa conocer a todos.

Veamos…Pedro Henríquez Ureña nació en Santo Domingo, capital de la República Dominicana.  Sus padres fueron los prominentes intelectuales Francisco Henríquez y Carvajal y Salomé Ureña.

 

 

 

content image 618 1349822262Su padre fue médico, abogado y presidente provisional de la república a raíz de la intervención de las tropas estadounidenses a nuestro país en la segunda década del siglo XX. De su lado, su madre fue poetisa, intelectual, además de formadora del primer grupo de profesores (as) para la escuela normal de nuestro país. La iniciativa para formar maestros normalistas estuvo precedida por el gran pensador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, quien arribó al país con una alforja repleta de nuevas ideas positivistas sobre la formación de los nuevos educadores americanos.

De las ideas de Hostos, consideran  los biógrafos, abrevó también  el pequeño Pedro.

Pedro nació el 26 de junio de 1894, y murió el 11 de mayo de 1946 mientras abordaba un tren que lo llevaría desde La Argentina a La Plata, ciudad esta última donde impartía también docencia.

El esfuerzo hecho para alcanzar el tren que lo llevaría a la referida ciudad, le causó una dolencia cardiaca que provocó su muerte repentina.

 

 

 

Una educación temprana

Desde sus primeros años, Pedro fue inducido al estudio y a la superación por sus progenitores. Ambos invirtieron recursos para que tanto él como Max Henríquez Ureña (Camila todavía no había nacido) pudieran tener a su alcance toda la literatura y documentos científicos importados por las diferentes librerías de la capital. Tal era su afán de superación, que en ocasiones  los dos bisoños tenían que ser auxiliados por la mayordomía para poder llevar a la casa el legajo de libros adquiridos. Debemos recordar que para entonces los volúmenes editados eran empastados de manera diferente a la actual, y que por tal razón su peso era a veces exagerado.

Pero no solo de los libros adquiridos en las librerías se nutrían los bisoños, porque en la biblioteca de la casa existía ya una enorme cantidad de tomos y enciclopedias acumulados por sus padres, tíos  y otros familiares que sentían admiración por la capacidad de los dos niños, especialmente por el mayor. Ocurre que los visitantes a la vivienda de los Henríquez Ureña quedaban admirados con la capacidad de Pedro. El muchacho era tan bueno en las matemáticas como en la física y en la filosofía. Y como no tenían idea de por cuál de las ciencias se inclinaría, trataban de inducirlo a leer lo más novedoso de cada una  de ellas. La decisión final de por dónde se inclinaría, sin embargo,  Pedro la tomaría más tarde.

El orgullo americanista  

Todo americano amante de las letras y de la cultura en sentido general, debe sentirse orgulloso de que desde las entrañas de nuestras tierras haya emergido un hombre con las luces,  el sentido de la historia, la sapiencia y el espíritu investigativo y de trabajo de don Pedro Henríquez Ureña.

Pedro es recordado por los prohombres del mundo intelectual como un paradigma sin igual. Sus enseñanzas fueron tan puntuales, que sus discípulos escalaron las más alta jerarquía de nuestra América y  le amaron entrañablemente. La razón para tal agradecimiento radica en que don Pedro tuvo la virtud de sembrar fe y deseo  de superación en todo el que se le acercó con  deseos de superación y deseoso de emprender el difícil camino del aprendizaje de nuestra lengua.

Nuestro compatriota fue un incansable investigador de la  dialectología de toda América.

Desde Río de la Plata hasta Méjico; desde el territorio andino hasta Chile y toda la región caribeña, nuestro insigne pensador escudriñó con su óptica maravillosa los datos científicos, la documentación veraz y todos los ensayos avalados por los grandes pensadores que pudieran ser utilizados como base para profundizar nuestra letra castellana. Deberá recordarse que para entonces nuestra lengua se hablada de una forma aquí, de otra acullá, pero siempre uniendo los elementos de la fonética y la fonología que le permitieran encausarnos por un camino hacia un fin de entendimiento común, que fue precisamente lo que investigó nuestro hombre de letras.

Don Pedro nunca confundió el rumbo que llevaban sus investigaciones. Se mantuvo siempre atento y cordial ante quienes les planteaban criterios contrarios a los suyos, pero defendía con ardor sus puntos de vistas. Fue además un estudioso contumaz de todas las aportaciones ajenas. De todas ellas abrevó nuestro hombre de letras, las profundizó, seleccionó las que se acogían a sus investigaciones, y a así sustentó puntos de vistas que todavía hoy son señeros en nuestro país y en otras regiones de América.

Importantes tesis de don Pedro

Sus interesantes tesis sobre Gramática Castellana (Curso primero y segundo, elaborado con la colaboración de Amado Alonso, de una parte; y de Beltrán D. Wolfe, de la otra); El libro del Idioma, escrito junto a la sabia pluma de Narciso Binayán, de ninguna manera menoscaban la ingente selección de estudios contemplados en Ensayos críticos, Literatura dominicana, Seis ensayos en busca de nuestra expresión, La cultura y las letras coloniales, La utopía de América, Sobre el problema del andalucismo dialectal,  El español en Santo Domingo, así como otro conjunto de escritos que enriquecen las letras americanas y que lo catapultaron a la cima del pensamiento de la época. 

Pedro Henríquez Ureña se codeó con lo más granado de América y se nutrió de las fuentes más conspicuas del territorio americano. Nuestro hombre de ciencia realizó trabajos conjuntos con Andrés Bello y Rufino José Cuervo, y junto a ellos dos Pedro conforma una trilogía difícil de igualar a nivel de las letras americanas.

Cuervo escribió El Español colombiano, solo superado por la enjundiosa investigación de Pedro titulada El español en Santo Domingo. Andrés Bello, de su parte,  escribió La primera gramática americana en 1947. Las obras de Pedro, republicadas en el país por varias universidades, nos hablan del amplio universo de temas que abarcó su poderosa pluma.

Periplo magisterial de Pedro Henríquez Ureña

Desde su más tierna edad, Pedro se constituyó en maestro. Lo ejerció primeramente con su hermano Max, a quien comenzó a educar cuando todavía su fraterno rondaba los 4 años de edad y  Pedro no había cumplido los seis. Prosiguió su ejercicio magisterial en Méjico, donde sustituyó a Alfonso Reyes como profesor de la escuela de Altos Estudios de la Universidad de Méjico.

Don Pedro continuó  su labor magisterial en la Universidad de Minnesota, siguió ejerciendo como profesor en la Escuela de Verano de la Universidad de California, así como en la de Chicago. Su esfuerzo no concluiría en esa última universidad, pues en Madrid Pedro ejerció como profesor en el Centro de Estudios Históricos junto a su entrañable amigo Alfonso Reyes. En esa universidad el eminente lingüista e intelectual Ramón Menéndez Pidal desempeñaba la función de director.  

Pero faltaba más…Al llegar a Méjico, Pedro Henríquez Ureña fue nombrado catedrático de la Escuela Preparatoria de la antigua Universidad Nacional de Méjico y de la Escuela de Altos Estudios de la misma. Pedro también desempeñó el cargo de Director General de la Enseñanza Pública del estado de Puebla de la república mejicana. Una vez cumplido el cometido,  se trasladó a Argentina, amparado en una  gestión hecha por  su amigo Rafael Alberto Arrieta, país donde fue nombrado profesor del Colegio Nacional de la Universidad de La Plata y del Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires. Su magisterio no se limitó a impartir clases a nivel primario, sino que contempló la actividad de dictar conferencias extracurriculares en Argentina, Chile y Uruguay.

En lo que respecta a nuestro país, Pedro fue  Superintendente General de Enseñanza, función que ejerció a petición del tirano Trujillo. Aprovechó la ocasión, eso sí,  para hacer aportes a la educación del país. Entre esos aportes figuran el haber revisado “los planes de estudios de las escuelas primarias y secundarias; haber ofrecido cursos de capacitación para los maestros de Lingüística y de Lengua Española, también auspició la primera Exposición de Arte e Industrias Populares y participó en un homenaje a Luisa Ozema Pellerano y a Antera Mota, ambas discípulas de su madre”.

Pedro creó la Escuela Modelo y el Museo escolar, ofreció un curso sobre el Teatro europeo y el americano; dictó un curso sobre Literatura Española, promovió la edificación de nuevos centros escolares y organizó y llevó a cabo varias campañas de alfabetización. Diferentes factores contribuyeron al alejamiento de Pedro de la República Dominicana, los primeros de ellos relacionados con las posturas políticas de su padre.

Condición errante de don Pedro.

A la muerte de su madre Salomé Ureña en 1897, Pedro tuvo que trasladarse a Cabo Haitiano, lugar donde se encontraba su padre. Tres años después su progenitor decidió enviar a los dos muchachos (Pedro y Max) a New York. Allí trabajaron  y asistieron a las obras teatrales. Pedro Estudiaba, mientras Max estudiaba y fungía de pianista en algunas veladas. Al cabo de un tiempo, sería por el año 1903, Pedro y Max se trasladaron a La Habana, donde se había radicado su padre meses antes. En esta capital caribeña los muchachos encontraron la solidaridad del generalísimo Máximo Gómez, quien los recomendó para que fueran empleados en unos almacenes de un conocido importador y exportador de ese país.

Simultáneamente con sus actividades laborales Pedro publicaba artículos y comentarios en revistas habaneras, una de ellas dirigida por su hermano Max. Debido a su condición de extranjero Pedro utilizó pseudónimos para escribir sus comentarios. Tres de ellos fueron: León Roch, E. P. Garduño  y Gogol.

En el año 1904, a la tierna edad de 19 años,  publicó Pedro su Ensayos Críticos. Su repercusión positiva fue tal, que el eminente intelectual Menéndez Pidal la consideró como un aporte sin igual a las letras americanas.

En 1906 Pedro se trasladó a Méjico, donde estudio Derecho. Su tesis se tituló La Universidad.

En 1911 volvió a La Habana donde su padre, y en ese mismo año estuvo brevemente en Santo Domingo. De su país natal volvió a La Habana y luego se radicó temporalmente en Méjico.

En 1914 Pedro regresó a La Habana. Una vez comprobado el estado de su progenitor y de sus hermanos (ya Camila formaba parte de la familia) decidió trasladarse a Nueva York. De esta urbe Pedro decidió moverse a Washington y Minnesota. En este último estado de la Unión cursó una maestría en Artes y ejerció como profesor.

En 1917 Pedro se trasladó a Madrid. Allí impartió docencia en el Centro de Estudios Históricos. De la Península regresó a Minneapolis, y de allí pasó a  Minnesota. En la universidad de este estado adquirió el título de Doctor en Filosofía.

En 1919 Pedro se radicó por breves momentos en California. Una vez ordenada su agenda partió hacia España, específicamente a Madrid. Inmediatamente visitó California  en 1920 y volvió a Méjico en 1921. El eminente intelectual mejicano Vasconcelos había sido nombrado Secretario de Educación, y desde su posición solicitó a Pedro que contribuyera al proceso de educación mejicana.

En el año de 1922 Pedro viajó por breve tiempo a Argentina. Sus amigos les habían solicitado que observara el proceso educativo que se vivía en ese país. Luego de varios intercambios amistosos con sus amigos intelectuales, Pedro volvió a Méjico, y al año siguiente (1923) contrajo matrimonio con Isabel Lombardo, de 18 años. Pedro ya tenía 39.
En 1924 Pedro aceptó ejercer como profesor en los liceos de las universidades de La Argentina y de La Plata.

Pedro estuvo en Montevideo, Uruguay, en 1925. Visitaba ese país cuando recibió una llamada del dictador Trujillo para que contribuyera a la educación de República Dominicana.  Para que desempañara esa labor fue nombrado Superintendente General de Enseñanza. Ello ocurrió en 1931.

Pedro no soportó la asfixia del régimen dictatorial. En 1933 estuvo de visita en Puerto Plata. Luego se embarcó a París, Francia, y de allí pasó a Buenos Aires, Argentina. Jamás volvería a su país natal.

En 1940 Pedro viajó a La Unión Americana, donde impartió la Conferencia Norton en la Universidad de Harvard. Esta conferencia estaba destinada a intelectuales de gran sapiencia.  

Pedro estuvo en las universidades de Boston, Nueva York y Cambridge en 1941.

Ese mismo año (1941) Pedro viajó a La Habana y a Valparaíso, Chile, y luego  volvió a Argentina.

Pedro no salió de Argentina desde el año 1941 hasta que finalmente allí encontró la muerte.

Su influencia en las letras Argentina

Una buena parte de los intelectuales argentinos que conocieron a Pedro  se quejan contra las autoridades de ese país por considerar que no lo han elevado al sitial que se merece. Sobre esto Borges señaló:

“Yo tengo el mejor recuerdo de Pedro (…) él era un hombre tímido y creo que muchos países fueron injustos con él. En España, si lo consideraban, pero como indiano; un mero caribeño. Y aquí en Buenos Aires, creo que no le perdonamos el ser dominicano, el ser quizás mulato; el ser ciertamente judío –el apellido Henríquez como el mío, es judeo- portugués--. Y aquí él fue profesor adjunto de un señor, de cuyo nombre no quiero acordarme, que no sabía nada de la materia, y Henríquez –que sabía muchísimo—tuvo que ser su adjunto. No pasa un día sin que yo lo recuerde…”

Ernesto Sábato, de su lado, señala en su Ensayo Apologías y Rechazos:

“Se me cierra la garganta al evocarlo. Esa mañana en que vi entrar a ese hombre silencioso, aristócrata en cada uno de sus gestos, (…). Aquel ser superior tratado con mezquindad y reticencia por sus colegas, con el típico resentimiento del mediocre, al punto que jamás llegó a ser profesor titular  de ninguna facultad de Letras de Argentina”.
De todas maneras, don Pedro desempeñó un papel estelar en la vida académica Argentina. Ureña participó activamente en la construcción y modelado del universo cultural argentino en los años 1930 y 1940 y en las posteriores actividades tendentes a desarrollar las letras de ese país. Al respecto Ernesto Sábato refiere lo siguiente:

“Este hombre que alguien llamó peregrino de América (y cuando se dice América en relación a él debe entenderse América Latina, esa teórica América total de que la retórica de las cancillerías ha puesto de moda, por motivos  menos admirables), tuvo dos grandes sueños utópicos: como San Martín y Bolívar: el de la unidad en la magna Patria; y la realización de la Justicia en su territorio, así con sus mayúsculas”.

“Su vida entera se realizó así como su obra, en función de aquella utopía latinoamericana. Aunque pocos como él estaban dotados para el puro arte y para la estricta belleza, aunque era un auténtico Solari hubiera podido brillar en cualquier universidad europea. Casi nada hubo en él que fuese arte por el arte o pensamiento por el pensamiento mismo. Su filosofía, su lucha, contra el positivismo, sus ensayos literarios y filosóficos, todo formó parte de su silenciosa batalla por la elevación de nuestros pueblos”.

Ante tan elogiosos comentarios a  favor de nuestro hombre de letras, expuestos precisamente por esas luminarias de la literatura latinoamericana, dejemos que sea un argentino, país donde Pedro vivió sus últimos años, quien nos narre el infausto suceso de su fallecimiento.

Borges, en un relato que se inicia desde la Editorial Losada, distante 15 cuadras de la estación ferroviaria Constitución, desde donde Pedro debía partir a La Plata (en la editorial  Pedro debía supervisar una edición de clásicos que se editaba bajo su responsabilidad), detalla los hechos de la siguiente manera:

“Apresuradamente se encaminó a la estación  de FF. CC. Que lo conduciría a La Plata. Llegó al andén  cuando el tren arrancaba y corrió para subir. Lo logró. Un compañero, el profesor Cortina, le hizo señas de un asiento vacío a su lado. Cuando iba a ocuparlo, se desplomó sobre él. Inquieto, Cortina al oír estertores, lo sacudió. No obtuvo respuesta, dando la voz de alarma. Un profesor de Medicina que iba en el tren lo examinó y, con gesto de impotencia, diagnosticó el óbito”.

De esa manera, esforzándose al máximo por el engrandecimiento de las letras americanas, falleció nuestro Pedro Henríquez Ureña.

Publicado en SOBRE LA BNPHU
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