Graciela Peña Santos, una librera de Cueto, municipio de la provincia de Holguín. Foto: Ariel Cecilio Lemus Graciela Peña Santos, una librera de Cueto, municipio de la provincia de Holguín. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Los libreros cubanos son también reconocidos en la Feria del libro donde se realizó un taller sobre el tema

La persona que espera al que va en busca de un título desempeña un importante rol en esa hermosa realidad que se llama lectura. Una prueba irrefutable de que estos actores del universo literario merecen todo el reconocimiento es la celebración del Taller del librero, que por cinco años consecutivos tiene su espacio en la Feria Internacional del Libro. En este escenario se reconoce a los mejores libreros del país, seleccionados por la Dirección Provincial del Libro y la Literatura de cada territorio.

El mejor librero de la provincia es escogido por sus resultados de trabajo, que implican no solo el cómputo de ventas, sino el trato y la disposición que debe revestir a este obrero de las letras cuyo encargo es, además de alcanzar el ejemplar, esclarecer una duda u orientar sobre un autor o un tema.

«Si hay algo que distingue a los libreros cubanos es la entrega a su trabajo, que es tan difícil y poco reconocido y son un eslabón fundamental en el mundo del libro», explicó a Granma Ibis Cabezas, directora nacional de Librerías.

De singular impacto resultan las revelaciones de Graciela Peña Santos, una librera de Cueto, municipio de la provincia de Holguín. «Pertenezco a un asentamiento. Tengo  siete comunidades hasta donde llevo los libros. Yo le hago promoción a mi literatura.

«Voy a la primaria y debo saber qué llevo, porque no podría dar un viaje por gusto. Me da tremenda alegría que los niños no me dejen ni sacar bien los libros, aunque tenga que caminar ocho o diez kilometros diariamente. Lo que me gusta es que vuelvo con mi bolso vacío».

Lo mismo vende libros debajo de un árbol, en el portal de la escuela o en una bodega. «Me levanto temprano y entre cafetales y montañas, ese es mi andar», dice.

Marlenis Salgado Flores es otra de estas joyas que andan por la Cuba profunda. Del municipio de Guisa, perteneciente al Plan Turquino, es administradora y librera. Habla con orgullo de su librería, donde se trabaja para acercar el libro a la gente. «Hemos logrado que los niños se interesen por la poesía y que escriban», explica.

Entre sus increíbles historias sobresale lo que nos cuenta acerca de los escritores que visitan las lejanas comunidades.

«Cuando se va a presentar un libro ellos duermen en las casas de los campesinos. A estos les encanta servirles, porque tienen mucho más tiempo de acercarse a ellos y a la literatura.