Lunes, 05 Febrero 2018 15:31

El andar de los mejores libreros de Cuba

Los libreros cubanos son también reconocidos en la Feria del libro donde se realizó un taller sobre el tema

La persona que espera al que va en busca de un título desempeña un importante rol en esa hermosa realidad que se llama lectura. Una prueba irrefutable de que estos actores del universo literario merecen todo el reconocimiento es la celebración del Taller del librero, que por cinco años consecutivos tiene su espacio en la Feria Internacional del Libro. En este escenario se reconoce a los mejores libreros del país, seleccionados por la Dirección Provincial del Libro y la Literatura de cada territorio.

El mejor librero de la provincia es escogido por sus resultados de trabajo, que implican no solo el cómputo de ventas, sino el trato y la disposición que debe revestir a este obrero de las letras cuyo encargo es, además de alcanzar el ejemplar, esclarecer una duda u orientar sobre un autor o un tema.

«Si hay algo que distingue a los libreros cubanos es la entrega a su trabajo, que es tan difícil y poco reconocido y son un eslabón fundamental en el mundo del libro», explicó a Granma Ibis Cabezas, directora nacional de Librerías.

De singular impacto resultan las revelaciones de Graciela Peña Santos, una librera de Cueto, municipio de la provincia de Holguín. «Pertenezco a un asentamiento. Tengo  siete comunidades hasta donde llevo los libros. Yo le hago promoción a mi literatura.

«Voy a la primaria y debo saber qué llevo, porque no podría dar un viaje por gusto. Me da tremenda alegría que los niños no me dejen ni sacar bien los libros, aunque tenga que caminar ocho o diez kilometros diariamente. Lo que me gusta es que vuelvo con mi bolso vacío».

Lo mismo vende libros debajo de un árbol, en el portal de la escuela o en una bodega. «Me levanto temprano y entre cafetales y montañas, ese es mi andar», dice.

Marlenis Salgado Flores es otra de estas joyas que andan por la Cuba profunda. Del municipio de Guisa, perteneciente al Plan Turquino, es administradora y librera. Habla con orgullo de su librería, donde se trabaja para acercar el libro a la gente. «Hemos logrado que los niños se interesen por la poesía y que escriban», explica.

Entre sus increíbles historias sobresale lo que nos cuenta acerca de los escritores que visitan las lejanas comunidades.

«Cuando se va a presentar un libro ellos duermen en las casas de los campesinos. A estos les encanta servirles, porque tienen mucho más tiempo de acercarse a ellos y a la literatura.

 

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Lunes, 05 Febrero 2018 15:25

La biblioteca de libros abandonados

Todo empezó cuando los trabajadores del cuerpo de recolección de basura de Ankara se dieron cuenta de la cantidad de libros encontrados en los contenedores de la capital.

Con frecuencia, es fácil observar en las calles de cualquier ciudad contenedores de basura repletos de objetos de todo tipo: muebles, juguetes, electrodomésticos... un hecho que puede tener una doble lectura: desde el que tira el objeto porqué ya no lo quiere o desde el que acude al contenedor para encontrar lo que menos se espera, ya sea por necesidad o curiosidad.

Tal y como reza el dicho, el saber no ocupa lugar; y es que el Distrito metropolitano de Çsankaya de Ankara tiene, desde el pasado septiembre, una biblioteca de libros abandonados.

Serhat Baytemur, un joven de 32 años que trabaja en el servicio de recolección de basura en la capital turca, siempre soñó con tener una biblioteca. Al ver la cantidad de libros abandonados en los contenedores, tanto él como muchos de sus compañeros llegaron a plantearse cuál podría ser el volumen de libros que podrían generar para construir una pequeña biblioteca de uso interno. Y fue así como surgió la idea de empezar a almacenar todos los libros abandonados para poder montar una pequeña biblioteca comunitaria, tanto para los trabajadores como para sus familias. Así, el sueño de Serhat podría hacerse realidad, tal y como se explica en Daily Sabah.

La idea de recolectar libros y revistas se convirtió en una tarea que, durante meses, mantuvo a los trabajadores del cuerpo doblemente ocupados: no solo hacían su trabajo, sino que, además, almacenaban y clasificaban de una manera altruista los libros que encontraban en sus rutas. En cuestión de pocas semanas, decidieron dirigirse al alcalde de ÇsankayaAlper Tasdelen, para poder alojar la cantidad de libros que tenían acumulados, ya que el volumen sobrepasaba lo esperado.

Desde la institución municipal, se les cedió un espacio en el barrio de Çsankaya, específicamente en una antigua fábrica de ladrillos que llevaba más de veinte años cerrada, y que actualmente pertenece al Departamento de Sanidad.

Lo que en un principio estuvo pensado para acomodar una biblioteca para los trabajadores y sus familiares, poco a poco fue convirtiéndose en un espacio de interés para vecinos y curiosos, quienes se acercaban al lugar para donar libros, catálogos y revistas. Así es como, en poco menos de siete meses, la biblioteca dejó de ser un espacio solo para los trabajadores y quedó abierta al público convirtiéndose en un nuevo equipamiento cultural.

En la actualidad, hay más de 6000 libros catalogados, desde literatura e historia hasta política y arte. El horario de la biblioteca está pensado para que los 700 basureros del municipio de Çankaya acudan para descansar en sus horas libres leyendo o jugando ajedrez.

Eray Yilmaz, de 20 años, es el encargado de registrar todas las obras que entran y salen de la biblioteca ya que, desde su apertura, el volumen de libros no ha cesado.

El impacto de este equipamiento cultural ha sido muy positivo, no solo en lo local, sino también a nivel metropolitano y nacional. Hoy por hoy, muchas ciudades turcas hacen llegar a la recién estrenada biblioteca libros usados; y muchos capitalinos ya tiran en bolsas de plástico los libros, separados del resto de los desperdicios, para facilitar la tarea a los basureros.

A pesar de que este proyecto es un éxito, los responsables no logran entender como aún hay gente capaz de tirar a la basura tal cantidad de conocimiento, y de lo único que se arrepienten es de no haber empezado el proyecto antes.

La biblioteca tiene una zona de lectura, un área infantil, un espacio para juegos de mesa y una pequeña cafetería. Parte de la iluminación está hecha con tubos de cobre, también encontrados en la basura, y las paredes están cubiertas con pósters e ilustraciones. Además, se han puesto en marcha programas de préstamos de libros tanto a particulares, colegios, organizaciones sin ánimo de lucro y centros penitenciarios.

Fruto de la apertura de esta biblioteca de libros abandonados, han empezado a surgir otro tipo de ideas asociadas a la literatura como la de utilizar camiones de basura que funcionen como bibliotecas móviles para visitar escuelas en Ankara, o la creación de rutas musicales promovidas por un grupo de once basureros que hacen música con cubos vacíos y piezas de metal. Todos ellos persiguiendo el espíritu de hallar otras actividades entorno a su trabajo.

Para quienes deseen conocer otros pequeños grandes proyectos que promueven la cultura y el saber entre la población, la biblioteca ‘La fuerza de las Palabras’ en Colombia o el bosque de libros en las calles de Berlín son ejemplos clave que demuestran el poder de la ciudadanía para lograr un beneficio colectivo.

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