Viernes, 19 Enero 2018 14:31

Del presidente Hayes a Donald Trump

Con el presidente Rutherford Bichard Hayes (cuyo mandato va de 1877 a 1881), se inicia una etapa en los Estados Unidos en que la geopolítica volvía a empezar de nuevo a ser determinante. Hoy, aparte de los inmensos y complejos conflictos internos que enfrenta el presidente Donald Trump, tiene su mirada y su acción puestas en el exterior, pero colmadas de traspié y enfrentamientos gratuitos hasta con los tradicionales aliados de su país.

Sería en la década de 1890, desde la Guerra Civil de los Estados Unidos, cuando el interés generalizado del gobierno y del pueblo norteamericano por la política exterior y la expansión, se convirtieron nuevamente en un ejercicio ininterrumpido. Sin embargo, en los años de 1877 y siguientes se hizo hincapié en la obtención de zonas del Istmo centroamericano.

El mayor revuelo lo provocó en el gobierno estadounidense la noticia de que Fernando Lesseps, el artífice del Canal de Suez, se proponía construir el de Panamá mediante la concesión de Colombia, obtenida por la compañía francesa L.N.B. Wise, organizada por Lesseps. El Congreso estadounidense llegó a emitir una resolución en la que declaraba la construcción del canal en las condiciones proyectadas por la compañía francesa como un acto poco amistoso hacia los Estados Unidos y como una violación de la doctrina Monroe.

El presidente Rutherford Bichard Hayes, en un mensaje especial del 8 de marzo de 1880 ante el Congreso, dejó claro que los Estados Unidos abandonaban la política que habían seguido hasta ese momento con respecto al canal, que era la de considerarlo como obra de interés común a todos los pueblos civilizados, en igualdad de condiciones. Ahora se declaraban en favor de “un canal norteamericano”. El presidente expresó su criterio respecto al canal, en estos términos:

“Un canal interoceánico a través del Istmo cambiará radicalmente las relaciones geográficas entre las costas del Atlántico y del Pacífico de los Estados Unidos y el resto del mundo. El canal será la vía de comunicación más importante entre nuestras costas del Atlántico y el Pacífico; virtualmente, una parte de la línea de costas de los Estados Unidos. Nuestro interés comercial, por si sólo, es mayor que el de todos los otros países, a la vez que las relaciones del canal con nuestro poder y nuestra prosperidad como nación, con nuestros medios de defensa, nuestra unidad, nuestra paz y nuestra seguridad, son materias de un interés preferente para el “pueblo de los Estados Unidos”.
Se trataba del interés comercial de los Estados Unidos, por sí solo, sin importarle lo que significara el canal para los demás países.

Los gobiernos que siguieron al de Hayes, encabezados por James Abram Garfiel y Chester Alan Arthur, mantuvieron la política que inició el primero respecto a la obra de Lesseps. (El presidente Garfiel fue el segundo presidente norteamericano en morir asesinado; el primero había sido Abraham Lincoln).
A causa de la crisis económica de 1873 los republicanos perdieron en 1878 las elecciones para el Congreso, por primera vez desde la Guerra Civil. En los años de 1880 la situación económica experimentó apreciable mejoría. Para entonces, en los Estados Unidos había más vías férreas que en toda Europa. Sería en 1885 cuando un demócrata, Stephen Grover Cleveland, llegó al poder por primera vez desde la Guerra de Secesión.

En la década de 1880 “La gigantesca obra de crecimiento interior alcanzaba una magnitud extraordinaria, no sólo en el orden económico, sino en cuanto al rápido aumento de la población y a todos los demás aspectos de la vida nacional. (…)”. La población había sido duplicada respecto a la de 1850. De los 23.192.000 de habitantes del último año se pasó a 50.156.000 en 1880.

De modo que ante este fabuloso crecimiento, la superficie territorial de los Estados Unidos les quedaba pequeña al capital y a los inversionistas. Había que extender las fronteras, si no propiamente territoriales, las comerciales, lo que se llevó en muchos casos a través de intervenciones militares.

Fue en el gobierno de Benjamín Harrison (1889-1893) cuando el inicio de la nueva etapa expansionista se hizo más evidente. Fueron desempolvados los proyectos de compra de las Islas Vírgenes y se realizaba la negociación de un tratado de anexión con Hawai, a lo que se sumó la celebración del Primer Congreso Panamericano.

Esa política tendría su mayor expresión en la intervención estadounidense en la guerra cubano-hispano-norteamericana de 1898, de la que resultaron la independencia y República de Cuba mediatizadas, y el dominio para aquel país de los territorios de Puerto Rico y Filipinas.