Opiniones

La Nacional de Franklin Franco

Thursday, 11 August 2022
Santo Domingo - Ago. 05, 2022. La Librería Nacional, sita en Nouel con Espaillat -en el Navarijo recreado por Moscoso Puello en su relato autobiográfico-, destacó por su oferta actualizada en ciencias sociales, con énfasis en sociología, economía e historia, así como en literatura de orientación marxista. Propiedad del sociólogo e historiador Franklin J. Franco Pichardo, su apertura se efectuó a finales de 1965, ya instalado el presidente provisional García Godoy, fresco aún el olor a pólvora de la revolución de abril. En pleno corazón de la zona constitucionalista, cantón de las fuerzas civiles y militares comandadas por Caamaño durante el conflicto bélico que provocó la segunda ocupación de los marines en el siglo pasado. De esos primeros días conservo vaga imagen, ya que a finales de febrero del 66 debí salir con destino a Santiago de Chile, donde permanecí por cinco años. Sin embargo, pronto me llegarían las noticias de la importancia que adquiría esta librería y de la labor editorial emprendida por su dinámico propietario, un frecuente colaborador de la revista ¡Ahora! a la que estaba suscrito. Cuyas polémicas sobre temas históricos disfruté desde el distante mirador santiaguino, acomodado en un banco de la céntrica Plaza de Armas. Una estancia en Chile de mi querido Tulito Arvelo -conspirador antitrujillista junto a mi padre y tíos, sancarleño del Callejón Imbert- así me lo confirmó. Gracias a mi hermana Flérida pude mantenerme al tanto de lo que aquí se publicaba. Recibí en el Cono Sur los primeros títulos de Editora Nacional, así como las ediciones príncipes de la UCMM de Santiago. Del fraterno Frank Moya Pons, La Española en el siglo XVI 1493-1520, del entrañable sociólogo holandés Harry Hoetink, El Pueblo dominicano: 1850-1900, apuntes para su sociología histórica y de Héctor Incháustegui Cabral, De Literatura Dominicana Siglo XX. Los títulos de Editora Nacional se enmarcaban en lo que Jimenes Grullón llamaría la nueva historiografía. Figuraba Emilio Cordero Michel -quien devendría en los 70 un apreciado colega en las faenas universitarias y contertulio en las peñas de la Heladería Capri, La Cafetera, Los Imperiales y el Bar América- con su seminal La revolución haitiana y Santo Domingo. De nuestro Pedro Mir, su hermoso texto Tres leyendas de colores y el estimulante ensayo El Gran Incendio: Los Balbuceos Americanos del Capitalismo Mundial. De Antonio de la Rosa -seudónimo del juez y publicista haitiano Alexandre Poujol-, Las finanzas de Santo Domingo y el control americano. Del historiador cubano José Luciano Franco, Historia de la revolución de Haití. Del propio Franklin J. Franco, Los negros, los mulatos y la nación dominicana. En 1966 Franco ganó el prestigioso premio Casa de las Américas de Cuba por su ensayo República Dominicana: Clases, crisis y comandos, acerca de la revolución de abril, reimpresa aquí. Editora Nacional publicaría otros trabajos suyos, como Vida, pasión y muerte del PCD, El aporte de los negros e Historia de las ideas políticas en la Republica Dominicana. Parte de una valiosa bibliografía sobre tópicos históricos, sociológicos y políticos, entre los que destacan la dictadura de Trujillo, las relaciones domínico-haitianas, las finanzas públicas, y el prejuicio racial. De su pluma también, obras de texto como Historia del Pueblo Dominicano y su Historia de la UASD y los Estudios Superiores. Quizá el proyecto más ambicioso emprendido por Franco fue la Enciclopedia Dominicana que congregó contribuciones de destacados y noveles autores bajo su dirección, editada en ocho volúmenes y disponible en versión digital. Nos conocimos en 1964 en la vieja Escuela de Sociología de la UASD, donde ambos estudiábamos. Compartimos así las lecciones impartidas por mi primo hermano Luis Rafael del Castillo Morales, director fundador de la Escuela, Andresito Avelino, Hugo Tolentino, Jimenes Grullón, Chito Henríquez, Bolívar Batista del Villar, Rafael González Tirado, Miguel Mendoza Rijo, Almanzor González Canahuate, Alberto Noboa, Rafael Deláncer, Frank Marino Hernández. Por los influyentes esposos belgas André y Andrea Corten, y otro inquieto belga, el pequeño provocador Jacques Silberberg, a quien hallé radicalizado luego en Chile como profesor en la U. de Concepción, cuna del MIR. La antropóloga norteamericana June Rosenberg, quien se aplatanaría en el país, donde descansan sus huesos, rodeada de cariño y gratitud de dominicanos y haitianos, como un ángel Makandaliano que nos cayera desde la respetable Columbia Universty. Un elenco formidable de maestros que completaban otros sociólogos. El argentino Carlos Di Núbila, quien se radicaría en Puerto Rico para beneficio de la academia y las artes de esa isla, el uruguayo Gerónimo de Sierra, hoy reconocido especialista en procesos políticos. Y un tímido joven alemán de paso efímero por la Escuela, Wolf Grabendorff, uno de los latinoamericanistas más reputado en relaciones internacionales, vinculado a The Johns Hopkins University y su Escuela de Altos Estudios Internacionales y al Institut des Hautes Études de l'Amérique latine, de la Université Paris III-Sorbonne. Reforzaba esta labor la serie de folletos mimeografiados "Materiales para el estudio de la República Dominicana en la segunda mitad del siglo XIX", de la autoría del caribeñista holandés Harry Hoetink, que vieron la estampa en la revista Caribbean Studies de la U. de Puerto Rico. Una Escuela auspiciada inicialmente por la OEA, que era un oasis innovador en la vetusta Universidad de Santo Domingo. Allí, en el modesto recinto, con anexo de aulas de asbesto cemento, que compartía espacio con el Instituto Sismológico, socialicé con Magda Acosta, Carlos Dore, Orlando Martínez, Naya y Chello Despradel, Osvaldo Domínguez, Dorín Cabrera, Irma Nicasio, Magaly Caram, Isis Duarte, Sonia Besonias, Rafael Villalba, Rafael de la Rosa, Leovigildo Báez, Eulalia Flores, Ana Teresa Olivier, Miguel Cocco, Picho Alcántara, Carlitos Pimentel, Rubén Silié, Miriam Díaz Santana, Walker, Adalberto Gutiérrez, Modesto Reynoso, Melvin Mañón, entre otros. Unos bancos de granito como los usados en los parques y la famosa mata de mango, servían de espacio acogedor a los animados debates de unos jóvenes que todavía "tenían el mundo por delante". En la década del 70, Franklin y yo nos reencontrarnos como docentes e investigadores en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD, cuando encabezamos sucesivamente la Dirección de Investigaciones Científicas de la institución, cuyo fundador fuera Guarocuya Batista del Villar, uno de los talentos mejor dotados del país. En la dirección de la DIC, le correspondió a Franco organizar un seminario de gran impacto sobre la presencia africana en América, con la asistencia de connotados especialistas internacionales. Fue en esos años en que me hice habitué de su Librería Nacional, que mantenía un amplio surtido de obras de ciencias sociales de las editoriales Siglo XXI -con autores de moda como Poulantzas, Althusser, Barthes, Foucault, Lacan, Bourdieu, González Casanova, Faletto, Cardoso, Sunkel-, Era, con la trilogía biográfica sobre Trotsky de Deutscher, Fondo de Cultura Económica, Joaquín Mortiz. Identificado como hombre de izquierda, compromisario con las causas progresistas de la época, su local era punto de visita de universitarios, intelectuales y militantes políticos que querían mantenerse al corriente de las publicaciones más recientes. Revistas procedentes de la Isla Fascinante, como Cuba Internacional, Bohemia, Tricontinental, Casa de las Américas, Pensamiento Crítico, y el diario Granma. La mexicana Siempre -con una pléyade de colaboradores que incluía a Carlos Fuentes, Lombardo Toledano, Silva Herzog, Renato Leduc, Monteforte Toledo, Fernando Benítez- dirigida por José Pagés Llergo. La excelente revista Historia y Sociedad editada en México por Enrique Semo, Héctor Aguilar y Enrique Florescano. La colección del republicano español Juan Grijalbo -quien me fuera presentado por Franco-, con sus pequeños manuales en sólidas impresiones bien cuidadas de los principales pensadores de las ciencias sociales. Las ediciones en lenguas extranjeras de Moscú y Pekin de los clásicos del marxismo, en especial el famosísimo librito rojo de Mao Tse Tung, que los maoistas universitarios blandían como munición revolucionaria en los "foros de Yenán" que escenificaban en el campus de la UASD, a la manera de la Guardia Roja de Mao durante la revolución cultural china. Un fuerte en el inventario de La Nacional eran los libros de historia dominicana, con la presencia de las colecciones dirigidas por Rodríguez Demorizi desde la Academia de la Historia que presidía, reforzados por la labor editorial del propio Franco en este campo. Como me confesara este colega y amigo en una conversación, la librería respondía a un interés personal de formar una gran biblioteca especializada. Como de hecho lo lograra, hoy donada generosamente al Museo Memorial de la Resistencia. Franklin amplió sus horizontes comerciales al ocupar la primera planta del edificio Franco, en la Correa y Cidrón, donde funcionó Econolibros, especializada en textos universitarios. En 1982 decidió cerrar sus operaciones como librero, transfiriendo a Miguel Cocco este último local. Recuerdo con gratitud las amables atenciones de su madre doña Ana Antonia Pichardo - quien siempre me decía que Franklin y yo teníamos que ser parientes-, de un joven diligente Daniel Liberato, persistente en el oficio con su Librería La Filantrópica, de una joven estudiante de sociología Milagros Jacobo que presentó tesis sobre la Iglesia en Santo Domingo. Retengo en la escena a mis constantes contertulios Pedro Mir, Tulio Arvelo, José Espaillat, José Aníbal Sánchez, Feliservio y Juan Ducoudray, Chito Henríquez y Dato Pagán, un elenco habitué de la Librería Nacional de la Nouel con Espaillat. Que la identificaban como un recodo amable del viejo Partido Socialista Popular surgido en 1946, en el cual Franklin Franco militara. Un expedicionario de Madruga, Cuba, que se quedó con las ganas de venir en el 59.

El abuelo de Coral Pimentel

Thursday, 02 June 2022
El pasado martes fue inaugurada en el salón Carmen Natalia Martínez, de la Biblioteca Nacional, una exposición de arte visual titulada “Recuerdo de mi abuelo”. Incluye 29 obras, entre acrílicas, acuarelas, óleos y dibujos. Su autora es la joven artista Coral Pimentel Peña. Constituyen su primera muestra individual.  Ha resultado una coincidencia, aunque no debió serlo, que la exposición se instalara en el salón que lleva el nombre de Carmen Natalia Martínez (1917-1976), una poeta que demostró gran sentido de responsabilidad ciudadana, confirmada por su enfrentamiento a la dictadura de la familia Trujillo.  El abuelo de Coral, a quien se dedica la exposición, dedicó su fructífera existencia, en la segunda mitad del siglo veinte, a abogar por el establecimiento de la democracia en la República Dominicana. Ese fue su mayor empeño y para conseguirlo hubo de superar una extensa carrera de obstáculos.  La artista, nativa de Bonao y egresada de Altos de Chavón, contaba solo dos años cuando murió su abuelo, el 10 de mayo de 1998, de modo que no tuvo tiempo para disfrutar de los mimos y consentimientos del padre de su madre, llamada Ángela. Tampoco debió sufrir los crueles agravios a los que fuera sometido.  Algunas teorías en torno a la filosofía del arte han pretendido que la creación artística se desarrolle por puro esteticismo, al margen de algún interés que vaya más allá de lo artístico. Es decir, se ha procurado que la obra de arte (poesía, pintura, escultura, cine…) sea un fin en sí mismo, y nunca servir a propósitos de otra naturaleza.  Resulta difícil que el arte pueda ser apartado de los sentimientos del artista. Pero también me parece injusto que al creador se le imponga tan pesada penalidad. No es extraño que la realidad social brote de la obra creativa como agua en vasija perforada. La visión particular del artista cuenta, pues es un componente de la obra.  La mira artística de Coral Pimentel ha captado la imagen de su abuelo materno y en aleación con sus entrañables recuerdos de infancia, de ellos ha emanado este cúmulo de obras. Ella no lo conoció, pero sabe que este hombre, además de ser su pariente, es un símbolo de la democracia dominicana.  La noche inaugural la sala se llenó de público juvenil, mientras la fue notoria la ausencia de la clase política. Zorrilla Osuna y Enrique Gil marcaron la diferencia. La exposición permanecerá hasta el 21 de este mes. Se trata de un tributo artístico, no solo al abuelo de Coral Pimentel, sino a un titán de nuestra democracia: José Francisco Peña Gómez.  Por Rafael Peralta Romero. Enlace de publicación : https://elnacional.com.do/voces-y-ecos-548/ 

Enriquillo: ¿Símbolo de la resistencia taína?

Thursday, 02 June 2022
La maestra de ceremonia dio apertura al coloquio y el director Rafael Peralta Romero saludó a los asistentes en nombre de la biblioteca y pasó a motivar el evento: “Enriquillo es una figura histórica que con el tiempo se ha convertido en una figura mitológica”, y citando Versainograma a Santo Domingo del poeta Pablo Neruda recitó: “Aunque hace siglos de esta historia amarga/ por amarga y por vieja es que la cuento/ porque las cosas no se aclaran nunca/ con el olvido ni con el silencio”… y continuó: “Aquí esta noche se conocerá la verdad sobre Enriquillo”… e inmediatamente presentó a la historiadora Lidia Martínez de Macarrulla. Enriquillo, guerrero de América La autora del libro Enriquillo, guerrero de América, inició su exposición preguntando: “¿Cuándo nació este taíno?”, e inmediatamente se respondió: “Para la historia, su figura comenzó cuando siendo niño presenció y sufrió la Masacre del cacicazgo de Jaragua en julio de 1503, hecha por el gobernador de la isla de ese entonces, Fray Nicolás de Ovando, en Guaba, hoy Léogâne, en Haití, enviado para hacer el trabajo de organización social y política de la primera colonia en el Nuevo Mundo. “Enriquillo fue criado por curas franciscanos” —informa la historiadora—,“quienes le enseñaron a leer y escribir el castellano, siendo educado como español. Quiérase o no, Enriquillo se convertiría en un ente superior que lograría aglutinar a muchos indígenas a su alrededor y sembraría la llama de la libertad en su pueblo verdadero que era formado por indígenas. Se le ha considerado el último cacique de la isla española”. Lidia Martínez de Macarrulla ha encontrado un punto de inflexión que da lugar al surgimiento del líder, “el héroe de su etnia” y añade: “Alguien tenía que llevar la antorcha de la libertad y fue ese indio españolizado quien decidió alzarse y ayudar a levantar la dignidad de su pueblo frente a la historia”. Sin embargo, ella reconoce que “La gota que derramó la copa fue el abuso de Andrés de Valenzuela contra Mencía, quien, luego de Enriquillo y Mencía estar casados, tornó más violenta su actitud contra el indio llegando a golpearlo frente a los demás indígenas de su encomienda para que vieran que ese jefecito no era más que un simple esclavo”. La expositora dejó claro que ella no cree que haya sido un motivo pasional el que lo llevó a alzarse como decían los españoles. Entiende que “fue una decisión pensada y desarrollada desde hacía buen tiempo. Tomó a los indígenas que lo apoyaban y a su esposa trillando el camino hacia la reivindicación de sus derechos. La sierra del Baoruco sería su campo de acción”. Enriquillo y la memoria colectiva En la segunda ponencia, el historiador Juan Daniel Balcácer ponderó los posibles métodos para abordar la historia. Recordó que en el país puede “comprobarse que el cacique Enriquillo no es una figura preterida en el imaginario popular dominicano”. Citó calles, avenidas, parques, ciudades, lago, productos… que llevan su nombre en reconocimiento. Sin embargo, fue enfático al decir que “poco o nada tiene que ver este personaje con el surgimiento de la dominicanidad o identidad nacional”. En este punto, Juan Daniel Balcácer se distanció de la historiadora Lidia Martínez de Macarrulla, al llamar la atención sobre quienes afirman que Enriquillo se “rebeló contra los colonizadores españoles” y que luchó “contra las acciones genocidas, opresoras y abusivas propiciadas por las instituciones colonizadoras”. Y añadió: “Cierto es que hacia 1519 Enriquillo se alzó en el Baoruco, según señaló Las Casas”, pero aclaró que alzarse, en aquella época, no significaba necesariamente rebelarse contra la autoridad en actitud bélica; “quienes se “alzaban” sencillamente se iban hacia los montes en donde preferían subsistir libremente”. Balcácer reconoció que al cabo de los años la rebelión obligó a la corona a concertar un acuerdo de paz con el cacique, pero no debe omitirse el hecho de que él pactó con el rey de España, aceptó el título de “Don” (que ni siquiera tenían los Oidores de la Real Audiencia), se declaró súbdito y vasallo de su Majestad, y por escrito Enriquillo se comprometió —junto con sus seguidores y a cambio de una remuneración económica— a perseguir cualquier indio o negro que se mantuvieran sublevados en actitud rebelde y de desobediencia frente a los encomenderos. El indigenismo como ideología dominante en la sociedad dominicana Juan Francisco Martínez Almánzar, profesor de historia en la UASD, autor de la obra Manual de Historia Crítica Dominicana, se ha enfrentado en los últimos 36 años a la “historiografía tradicional” que ha mitificado la figura de Enriquillo. Coincide con los expositores anteriores en cuanto al origen y educación franciscana del indígena, enfatizando que recibió una enseñanza típicamente española. El historiador analiza las diversas fuentes históricas que se han reseñado y estudiado a partir de 1514; el matrimonio de Enriquillo con Mencía y el ultraje de que fue víctima cuando el encomendero Valenzuela utiliza la violencia contra ella y expresa: “Los apologistas de Enriquillo no señalan un solo caso en que este haya levantado su voz de protesta por los abusos en contra de los aborígenes que impotentes veían cómo sus mujeres eran tomadas y abusadas sexualmente por los encomenderos”. Y remata: “Las protestas en contra de esa situación se produjeron cuando el indígena aculturizado padeció en carne propia lo que era algo natural para cualquier español: hacerle el amor a una indígena sin importarle que esta tuviese o no compañero”. Martínez Almánzar critica a los partidarios de la corriente indigenista y de la leyenda que se creó alrededor de Enriquillo, observando que no prestaron atención a los esclavos negros, e incluso atribuyeron la declaración de guerra de 1523 a la alegada sublevación de Enriquillo. Sin embargo, entiende que “El indígena españolizado huyó para alejarse del lugar y de esta manera evitar un daño o peligro. Se fue para que su esposa no se volviera a convertir en objeto sexual de un lujurioso español”. “Lo acordado con Barrionuevo le permitió, como admite Peña Batlle, obtener su libertad individual a cambio de su sumisión política, lo que demuestra que no fue, como se hizo creer, un libertador de su raza”, expresa Martínez Almánzar ante la mirada impávida del público. Enriquillo: ¿Símbolo de la resistencia taína? Rafael Peralta presentó a José Guerrero Sánchez, historiador, antropólogo y director del Museo Nacional de Historia y Geografía, quien abordó al sublevado Enriquillo desde las perspectivas: Enriquillo: historia, leyenda y arqueología Excelente comunicador, Guerrero asegura sin rodeos que el cacique Enriquillo «es el personaje más venerado de nuestra historia colonial. Unos lo alaban como héroe indígena y otros lo detractan como español espurio. Más que ensalzarlo o denostarlo, urge investigar in situ la geografía de los indios y negros alzados en la isla y analizar la figura de dicho cacique en el contexto de la sociedad indoeuropea del Nuevo Mundo según la historia, la leyenda y la arqueología”. En ese orden, planteó que el Enriquillo de la leyenda ha predominado sobre el de la historia, mientras el de la arqueología permanece debajo de los estratos arqueológicos. “Enriquillo nació en las faldas de la sierra del Bahoruco”—expuso el historiador y agregó—:“y su padre fue uno de los caciques, junto a otros sesenta, quemados dentro de un bohío en Jaragua por el gobernador Ovando mientras disfrutaban de un juego de cañas. La matanza realizada con premeditación y alevosía no perdonó niños y viejos. Ovando luego ahorcó a la cacica Anacaona, fundó la villa de la Verapaz, apresó indios —también en Higüey— para construir la ciudad de Santo Domingo y expropió los indios a los españoles casados con indias. Con esta brutal acción, Ovando puso fin a la sociedad indo-hispana que se había creado cuando los rebeldes del alcalde Jiménez Roldán se unieron a las indias y se convirtieron en “caciques blancos””. Guerrero sitúa a Enriquillo a los siete años cuando sobrevivió a la matanza de Jaragua y fue acogido por el monasterio franciscano de la Verapaz, cerca de Puerto Príncipe, donde aprendió a hablar, a leer y a escribir en castellano y a vivir como español. Los franciscanos apoyaron la encomienda indígena y educaban a los hijos de caciques para que, una vez adultos, gobernaran al servicio de España. Aclaró que cuando el cacique inició su rebelión y se estableció en la sierra de Bahoruco, en 1519, los aborígenes habían descendido de 300 mil en 1492 a menos de doce mil debido a maltratos, guerras, trabajo forzado, enfermedades y aculturación. José Guerrero resuelve con agudeza el tema de la violación de Mencía, la esposa de Enriquillo: “La abundancia de mujeres indias y la escasez de mujeres españolas y negras, provocó el robo reiterado de mujeres indígenas por españoles y negros. Ese fue un motivo de conflicto de los indios con los españoles y los negros”. El antropólogo refirió que Fray Cipriano de Utrera, el panelista Juan Martínez Almánzar y otros autores acusan a Enriquillo de ser un agente españolizado, traidor de su pueblo por haber perseguido a indios y negros rebeldes. Sin embargo, puso en claro, citando a Pedro Mir: “Quien pide la paz está obligado a aceptar las condiciones, no a imponerlas”. Y agregó que la persecución la utilizaron los europeos para azuzar las rivalidades étnicas de indios y negros para apoyarse en unos y atacar a otros. Después de su muerte, Enriquillo no volvió a mencionarse hasta que Sánchez Valverde afirmó en 1785 que fue enterrado en Boyá, en donde según Del Monte y Tejada vivían descendientes suyos que eran mulatos, zambos y mestizos con privilegios de indios. El historiador aclaró que Boyá no fue pueblo de Enriquillo, pero sí donde vivieron los últimos indios en la isla. José Guerrero redondeó la ponencia con una analogía que produjo admiración entre los presentes: “El indio permite sintetizar el blanco que no somos y queremos ser con el negro y el mulato que somos y no queremos ser. Los seres humanos, independientemente de su sociedad y cultura, prefieren lo ideal a lo real, el deseo al objeto, razón por la cual Aristóteles dijo cuatro siglos antes de Cristo que la ficción del mito supera a la realidad histórica porque aquella es universal y ésta es particular”. Enriquillo, el héroe del Bahoruco El moderador Rafael Peralta Romero presentó al historiador y empresario Manuel García Arévalo, último panelista. El coautor de la obra Mitología taína define como un clamor de justicia el caso de Enriquillo por lo que se torna diferente al de los demás caciques de La Española. Sin restarle méritos a su heroica sublevación en el Bahoruco, esta no tuvo por objeto la defensa de los territorios indígenas y sus culturas ancestrales. Coincidiendo con el profesor Juan Francisco Martínez Almánzar y con José Guerrero afirmó que “Se debió más bien a un sentimiento de indignación por la indiferencia de las autoridades ante las ofensas personales y los maltratos que le propinaron, evidenciando con ello el contraste entre los dos sectores que existían al iniciarse la época colonial: el prepotente de los encomenderos y el marginado de los indios y los esclavos africanos”. García Arévalo reconoce que el novelista Manuel de Jesús Galván, con toda la impronta verosímil que aporta una obra de ficción histórica, confiere a Enriquillo un carácter mítico, que con la exaltación de su figura lo transforma en un héroe de la nacionalidad dominicana fuertemente arraigado en el imaginario popular. “Enriquillo era un cacique taíno transculturizado —afirma el historiador—. Profesaba la fe cristiana y aprendió a hablar y a leer en castellano, educado cuando niño por los frailes franciscanos en la Villa de Vera Paz, en el cacicazgo de Jaragua”. Refiere que Andrés Valenzuela, vecino de la Villa de San Juan de la Maguana, quien sucedió a su padre en la posesión de un repartimiento de indios cuyo cacique era Enriquillo, no solo trató de propasarse con Mencía, la esposa de éste, sino que le quitó una yegua que poseía. Y al sentirse ética y moralmente agraviado, Enriquillo demandó la justicia que le fue negada por la Real Audiencia de Santo Domingo, con lo cual, al humillado cacique, no le quedó otro camino que alzarse en rebeldía. El autor de El Murciélago y la lechuza en el arte expresó: “Tras las mediaciones del capitán Barrionuevo, portador de una carta firmada por la emperatriz, en ausencia de Carlos V, quien se refirió al cacique en términos deferentes llamándole “Don Enrique” y otorgándole el perdón por los daños causados durante la insurrección, garantizando que él y su gente serían bien tratados como vasallos de la Corona”. Manuel García Arévalo concluyó su ponencia contando que Enriquillo optó por avenirse con los españoles, comprometiéndose a asegurar «la paz y sosiego de la tierra». Preguntas y respuestas encontraron aclaraciones y otras quedaron en el tintero por falta de datos históricos y de espacio en esta crónica para incluirlas, pero en general, reinó el entusiasmo. Afuera, una luna llena bañaba el manto de árboles dormidos sobre el sector de Gascue y la brisa fresca de enero despidió a un público consciente de que “las cosas no se aclaran nunca con el olvido ni con el silencio”, como evocó el chileno Pablo Neruda refiriéndose a los indios muertos en la isla Española. Y al final, bajando la escalinata de la Biblioteca Nacional, una señora le comentó al esposo que fue una gran noche para Enriquillo. Por Denis Mota Álvarez Suplemento AREÍTO (9 abril, 2022)

La Lectura: Fuente de conocimiento

Thursday, 02 June 2022
Por: Ofelia Berrido El libro está escrito en códigos y el lector lo decodifica. Cuando su decodificación es correcta, el lector logra entenderlo e interpretarlo y puede tomar una actitud crítica. Así, el lector dialoga con el autor y puede responder desde su propio punto de vista a lo que expresa el escritor, aun cuando no esté físicamente presente. El escritor le da un sentido a lo que ha escrito; todo lo que él escribió tiene un significado desde su punto de vista. El lector puede decodificarlo tal como lo pretende el escritor, pero en ocasiones el lector puede hacerlo sin estar totalmente de acuerdo con lo que quiso decir el escritor. Y es que el que lee trae un bagaje, trae una serie de experiencias, un vocabulario; él nació en una época, en un tiempo específico. De ahí que el texto puede o no tener el mismo sentido que tuvo para el autor cuando lo escribió. ¿Qué nos brinda la lectura?  Y respondemos: conocimiento, libertad y felicidad.  Cuando se conoce, se adquiere información valiosa para poder comprender o interpretar la realidad, por medio del razonamiento, entendimiento e inteligencia. Pero, también, del conocimiento resulta el proceso de aprendizaje.  Lo que se aprende se incluye dentro del bagaje de la persona de que se trate. Pero ¿qué pasa cuando se tiene un conocimiento previo y se adquiere otro conocimiento? Puede ser que el conocimiento previo esté perfectamente de acuerdo con el nuevo y, sencillamente, se asume; y así, se incrementa la cantidad de conocimiento. En ocasiones, ocurre que el conocimiento que se le plantea al lector se opone o es diferente al conocimiento que poseía sobre el mismo tema; en ese caso el lector vuelve a leer el texto.  Trata por todos los medios de definir por qué lo que había conocido sobre ese tema no es igual al conocimiento que está adquiriendo en ese momento. Para aclarar el asunto, el lector debe realizar preguntas e investigar: «¿Por qué este escritor está diciendo esto, cuando yo he aprendido que es de tal o cual manera?». Entonces, en ese proceso de investigación él puede afianzar los conocimientos previos, o puede, definitivamente, rechazar lo que le están ofertando porque para él no es valedero; ya hizo una investigación sobre ello. Cuando hablamos de lectura y conocimiento estamos hablando de funciones superiores en el proceso de adquisición y utilización de conocimientos complejos. La adquisición ayudará a solucionar problemas y a tomar decisiones informadas. Veamos pues los pasos ideales: primero, se determina cuál es el problema. Después, se busca información, se investiga, se reflexiona sobre el asunto; se identifica con cuáles alternativas se cuenta. Frente a un problema que debe ser solucionado, no existe una única solución. Para un problema hay múltiples soluciones, pero si no tiene conocimientos suficientes y de todas esas posibles soluciones solo conoce una, esa será la elegida.  En cambio, si cuenta con múltiples y variados conocimientos, porque ha leído mucho: ha entendido, comprendido, interpretado lo que ha leído, entonces, en ese caso, hay un problema y múltiples soluciones.  Luego, utilizará su raciocinio para discriminar y seleccionar entre todas esas posibles soluciones: ¿Cuál es la mejor?, ¿Cuál es la más positiva para todas las partes? Entonces, debe elegir la solución que sea más ética, que tenga menos efectos colaterales y riesgos, que sea la que va a solucionar el asunto, si es posible, definitivamente, incluso se valora el aspecto costo beneficio; y entonces, se resuelve el problema y se dirige el comportamiento de todos los que tengan que ver con esa situación hacia lo que ya se ha determinado como la solución del problema. La lectura desarrolla el pensamiento  Por otro lado, los universitarios deben efectuar una lectura cuestionadora. El tipo de interrogante dependerá de la disciplina de que se trate. Pongo de ejemplo la Historia, al leerla deben tratar de ponerse en el lugar del historiador: ¿Qué es lo que dice ahí?, ¿por qué decidió incluir eso en el libro y por qué consideró que otros sucesos, igual de importantes, no fueran incluidos?  Debe entender que no se trata de aceptar todo lo que dice el texto.  El lector tiene que cuestionar lo que está ahí escrito. Puede, por ejemplo, preguntarse: ¿Tiene justificación?, ¿hay evidencias de que eso fue así? Todo esto lo tiene que ver el estudiante; no solamente se trata de memorizar, sino que debe ser un ente cuestionador. La lectura desarrolla el «pensamiento complejo» del que tanto habló Edgar Morin (2010).  Esto se refiere a lo siguiente: la vida es muy complicada; tanto las personas como los objetos son multidimensionales y las cosas suceden multifactorialmente. Ya no es como antes, que toda causa tenía su efecto; ahora, una causa puede tener múltiples efectos.  Si el efecto que se está esperando, según una causa particular, no se produce, el estudiante debe reflexionar y hacerse preguntas sobre la situación sin reducirla a nada, pero tampoco viéndolo como una totalidad. Entonces, ese pensamiento complejo logra que la persona que está haciendo la lectura pueda abrirse a nuevas posibilidades. Algunos tipos de pensamientos complejos son como el que ejecutan las personas muy creativas, que tienen un pensamiento lateral, y algo que nadie se imaginó que podía ser, esa persona lo crea. Pero también, hay otro tipo de pensamiento que es el pensamiento divergente; todo el mundo frente a una situación puede ser que se vaya por el mismo sendero; sin embargo, puede haber alguien que tenga muy desarrollado el pensamiento divergente, y en el momento de tomar una decisión opte por otra salida. Entonces, es a partir de todo esto que el lector hace su construcción de significado de aquello que él está leyendo.  A través de la lectura y como si fuera por ósmosis se logra un vocabulario nuevo; se aprende ortografía, gramática y la sintaxis mejora… El lector va ganando con todo ello sin que se haya dispuesto a hacerlo.  Entonces, ¿qué pasa cuando todo eso sucede?  El lector va a tener mejor expresión oral, se va a poder comunicar con un lenguaje más amplio, su comunicación será más proporcionada, más completa, más esperada para la temática de que se esté hablando. Una de las maneras más útiles de mejorar las habilidades de comunicación es la lectura extensa. ¿Qué quiere decir una «lectura extensa»? Se toma un libro y se lee completo, pero no se hace con la intensidad con que se hubiera realizado una “lectura intensa”.  La “lectura intensa” es fijar la atención en las palabras, las comas, los puntos…, los párrafos, la cohesión, la coherencia; o sea, la lectura intensa se fija en los detalles y ese tipo de lectura ayuda a que esa persona mejore su lenguaje y su forma de escribir. La lectura estimula el razonamiento y, además, mejora la capacidad memorística de las personas.  A la memoria, muchos le quieren restar importancia, pero la memoria es muy importante. Antes se decía que «ser inteligente es recordar a tiempo»: si hay una situación que debe ser resuelta y no se recuerda cómo es que eso se resuelve, habrá dificultades. Entonces, la memoria es importante.   Además, la lectura desarrolla la capacidad del pensamiento crítico y la confianza a la hora de hablar.  ¿Qué es el pensamiento crítico? El pensamiento crítico proviene de una actitud de duda sobre lo que se afirma. No se puede dejar de cuestionar y concluir que todo está perfecto a priori, sin ningún análisis envuelto. Cuando hacemos eso, puede que de repente nos demos cuenta de que aquello es un desacierto.  Se deben analizar todas las aristas posibles.  De esa manera la lectura ofrece múltiples conocimientos: habilidades lingüísticas, metalingüísticas, cognitivas, subyacentes al aprendizaje a partir de los diferentes textos; conocimientos generales del mundo que nos permiten vivir una vida más plena. La lectura desarrolla el «pensamiento complejo» . Esto se refiere a lo siguiente: la vida es muy complicada; tanto las personas como los objetos son de múltiples dimensiones y las cosas suceden multifactorialmente   https://hoy.com.do/la-lectura-fuente-de-conocimiento/ Areíto (8 enero, 2022) Periódico HOY

Un nuevo año de optimismo literario y mejores perspectivas de vida

Thursday, 02 June 2022
Por: GERARDO ROA OGANDO  02-01-2022 La investigación literaria sigue siendo mundialmente menor que la producción de textos de ficción. De ese modo lo considera el escritor francés Jean-Marie Schaefer en su libro Pequeña ecología de los estudios literarios ¿Por qué y cómo estudiar la literatura? (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2013, pp. 13-20; traducción de Laura Fólica). El mencionado autor afirma que la ausencia de estudios literarios ha sido propiciadora de la prevalencia de una actitud dogmática en cuanto al enfoque desde donde se estudia la literatura. Las pocas investigaciones que se realizan sobre obras literarias enfocan la crítica desde la perspectiva de un canon tradicional insuficiente que no se basta en sí mismo para dar cuenta de la inmensa cantidad de obras que se publican en el mundo cada año. Según Schaeffer, el estudio literario no se basta con un canon tradicional porque este suele constituirse a partir de criterios mezquinos y excluyentes. Este autor sostiene, además, que las obras excluidas se componen de una gran diversidad verbal y estilística que, si se investigaran desde una perspectiva ontológica, y no sólo deóntica, generarían cánones mucho más acordes con la naturaleza de los géneros y subgéneros creados por la praxis literaria, sin que ello represente el abandono de lo que hace que una expresión verbal sea considerada arte. La República Dominicana no es la excepción en cuanto a la ausencia de investigación sobre textos literarios. Según un estudio realizado por el escritor Avelino Stanley (2013), a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo XX, el promedio anual de publicación de novelas oscilaba entre las tres y cinco por año. Sin embargo, en el 1998 RD alcanzó las 18 novelas. El índice se mantuvo gradualmente en ascenso hasta alcanzar la cifra de treinta y dos novelas, en 2007 y 2008, respectivamente. Resta verificar cómo ha seguido aumentando el índice de publicación de novelas desde esa fecha hasta nuestros días (Stanley, Avelino (2013) La novela dominicana contemporánea. RD: FUNDESEP. 78 pp). En contraste con el aumento de las publicaciones de obras literarias, la crítica dominicana cuenta, desde Pedro Henríquez Ureña hasta el presente, con muy pocos investigadores constantes. Por esa línea han transitado Andrés L. Mateo, Diógenes Céspedes, Odalís Pérez, Manuel Matos Moquete, Manuel Núñez, Manuel Mora Serrano, Giovanni Di Pietro, Manuel García Cartagena, Basilio Belliard, Bruno Rosario Candelier, Plinio Chaín, Nan Chevalier, Alex Ferreras, Néstor Rodríguez, Pura Emeterio Rondón, Marcio Veloz Maggiolo, Avelino Stanley, Julio Cuevas, Roque Santos, Luis R. Santos, Ibeth Guzmán, Miguel Aníbal Perdomo, Ángela Hernández, Chiqui Vicioso, César Zapata, Juana Montero, Fernando Cabrera, Fari Rosario, entre otros y otras. La lista tal vez no exceda los cincuenta investigadores asiduos sobre temas literarios. Ha de entenderse que las cuestiones relativas a la investigación literaria afectan de forma directa la enseñanza de la lengua y la literatura, pues el desconocimiento del acervo histórico, socio-cultural, antropológico, literario y pedagógico se suele traducir en elaboración de políticas públicas importadas que responden a criterios del mercado global y que, por vía de consecuencias, laceran la formación de ciudadanos con identidad nacional y de compromiso social. Estas acotaciones relucen en el contexto de la despedida del año 2021 y de la bienvenida al año nuevo (2022) que ya no es tan nuevo. La Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña ha informado que durante todo el año 2021 “se registraron 1,803 libros, de los cuales 1,412 fueron impresos y 391 digitales”. Restaría clasificar esos libros en científicos y literarios. Dentro de los literarios, nos queda pendiente saber cuáles son los géneros de mayor publicación (Novelas, cuentos, poemas, ensayos, teatro, etcétera).   Aun así, es evidente que el año 2022 supondrá una gran oportunidad para fortalecer la lectura metódica de todos esos libros. Por supuesto, todos esos textos demandan lectores y creo suponer que dichos lectores se encuentran en las universidades y en las escuelas.   Ojalá que a partir de este nuevo año los problemas de lectura y de escritura en nuestras escuelas y universidades empiecen a ser asumidos como un compromiso institucional, en vez de continuar adjudicándoselos a los estudiantes y profesores.   En definitiva, deseamos un nuevo año con mejores perspectivas de vida y de salud para que juntos podamos continuar mirando al futuro con fe y esperanza

Marcio Veloz Maggiolo: Palimpsesto vital e imprimatura cósmica, al emprender lo inmarcesible

Thursday, 02 June 2022
Se ha establecido que Marcio Veloz Maggiolo (1936-2021), con Los Ángeles de Hueso y Aída Cartagena (1913-1994) con Escalera para Electra, introducen la experimentación y el absurdo en la novela dominicana. Y así mismo que con los años, la obra novelística del primero adquirió la categoría de ser la más importante de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI en la literatura dominicana. Pero sus lectores, habitantes del planeta Marcio, que seguimos el mágico fluido al que fuimos habituados libro tras libro, aunque parezca una generalización o una desmesura decirlo, no creo que esperábamos la sorpresa de este juego novelístico que nos tenía bien reservado. Palimpsesto, confesiones de un anciano que sudaba palabras, es la novela breve que su autor vio salir de la Imprenta Búho en noviembre 2020, con un elegante diseño de portada de María Fernanda Villaroel Veloz y un bello, certero prólogo de Danilo Manera. Son unas 140 páginas netas de relato que de entrada se nos avisa cuentan con una estructura “de ensambladas notas y espacios en blanco que se han fundido para hacerlos coincidir”. Esto, aunque no parece lógico, como en todo universo ha de haberlo, sí tiene un orden y de esta manera inician “el universo mínimo místico-creciente”, que su creador ha atado a algo indefinido pero por él llamado “eternidad menor”.¿Quién es este anciano que sudaba palabras? Es el personaje central, Don Martirio Talmáscual, aunque él suele autollamarse Aquilonio de Villa Francisca, donde ha transcurrido su infancia. Don Martirio estudió Química en la escuela por correspondencia de la Hemphill School, a cuyas clases “asistía casi telepáticamente”, mas, antes de graduarse ya la ejercía empíricamente. Pero el modus vivendi de Martirio es la compraventa El Borrón, por lo que ahora, desde su casa de playa en Boca Chica, donde entre facturas, recibos y pagarés descubre una vocación literaria delirante, empieza su meditación y hasta confiesa que: “siempre tengo en el corazón aquellos pobres de solemnidad que abandonaron bajo el peso de una fecha guillotinante el objeto empeñado”… Pero es porque él a su vez empieza a sentir sobre sí la guillotina espiritual de los herederos de su fortuna, a la que siempre dio por imaginaria pero que ellos reclaman. Esto es algo que le recuerda en sus constantes visitas semanales, cierto oscuro personaje, portador de un maletín de papeles: El Licenciado Faciolides, su abogado, viejo amigo de su padre, por cierto de ascendencia griega, que viene a aconsejarle y apremiarle, para que tome decisiones. El hecho de que tuviera por lar nativo la casa no. 57 de la calle Ravelo, en Villa Francisca, mueve a una primera sospecha a los lectores y lectrices de Veloz Maggiolo, y por si alguien fuera tan despistado, bastaría algún párrafo adelante para hacerle percatar de que el protagonista, el anciano que suda palabras no se llama Mar- cos, ni Mar-celo, o Mar-cial, pero sí Mar-tirio, con lo cual la complicidad autor-lector ya está servida. Además del protagonista y este segundón y odioso Faciolides, la alquimia narrativa de Veloz Maggiolo, acierta con la creación de unos personajes femeninos singulares, que habrán de aportar dinamismo y gracilidad a la historia, al mismo tiempo que conducen al lector al territorio de lo ambiguo, al presentarlas como sus nietas “o acaso sobrinas”… Enseguida nos hacemos cargo de que una duda así no se concibe, salvo que ya estemos pisando las arenas movedizas de la ineluctable decadencia. Y sin perder de vista definiciones de manual, la ambigüedad, nos sitúa allí donde los villanos pueden ser héroes y viceversa, la certeza se convierte en duda, la fatalidad en contradicción y el idealismo romántico en franca e irónica dialéctica… De suerte que las tres excelentes lectoras y acuciosas jóvenes nietas ¿o sobrinas? son Ágata, Selenia y Obsidiana. Nombres de gemas preciosas, que justificamos puesto que siendo Martirio un químico, en el texto, sus descendientes no podrían llamarse bella y tradicionalmente María, Amalia o Camila, ¡Oh no! Y a sabiendas de la importancia simbólica que tanto en su poesía como en su narrativa, Veloz Maggiolo asigna al nombre, me dispuse a in vestigar, más allá de su belleza, el sentido esotérico que podría aportar su trilógica presencia en la vida de Martirio y en el insólito curso de su historia. Así pues, Ágata es una roca ígnea, cuyo nombre se lo puso el filósofo Teofrasto, por el de un río siciliano de la antigüedad, el Akhates, su composición es SIO2 y sus propiedades son aportar equilibrio físico y emocional, por tanto, prevenir las caídas tan fatales para los ancianos. Obsidiana,+ 65 SIO2, era para los mayas la piedra de la adivinación, de la verdad, es un vidrio volcánico, que al usarlo como espejo reflectante, resalta la dislocación en el tiempo y el espacio. Protege a las personas sometidas a abuso de otras de carácter más fuerte. Mientras que la Selenita, Ca SO4 2H2O, abre a frecuencias más altas y mensajes del universo. De modo que la simpática triada, muy atenta a la escatológica espiritualidad de su abuelo, ¿o su tío?, empieza a vivenciar súbitos y bastante extraños descubrimientos: Martirio suda profusa, copiosamente sus sábanas, y es cuando una de las observadoras muchachas llega a una sorpresa mayor. Unos pequeños signos, al parecer dotados de vida, pues tratan de ir de lo mojado a lo seco, en un principio le hacen pensar que son hormigas bobas, las que siempre acuden donde están los diabéticos, entonces ella exprime las empapadas sábanas y ve que no son tales insectos, sino nada más y nada menos que letras. Y en un thriller, cuasi de ciencia ficción, las chicas buscan una tela, como una suerte de colador para atrapar las letras que parecían insectos y que ahora evidentemente conforman palabras y frases legibles. Y el absurdo no se detiene, porque ellas, cual personajes animeés, van y vienen, hasta que llegan a una verificación electrizante: es que simultáneamente, están desapareciendo de los libros de la biblioteca de Don Martirio, ¡textos completos! Ellas han detectado fallas de información en las estanterías y al revisar, aun más, ¡encuentran frases enteras en la bacinilla! De las nietas o sobrinas, qué más nos da, no deja de ser interesante que una de ellas es lectora de las Hermanas Fox, (que también en número de tres, tanto tuvieron que ver con el espiritismo decimonónico); y se evidencia que están de tal manera impactadas por sus hallazgos, que hasta deciden cambiar su plan de estudios y optan por Química Orgánica. Se establece una relación biunívoca, pues si bien el cariño y cuidado de Martirio las orilla hasta la búsqueda y el conocimiento, de igual manera, cuando ellas reportan que en la taza de noche y en las sábanas sudadas había supuestas mosquitas junto a palabras ocultas y que flotaban en la fermentación, ahí es donde empiezan a enlazarse las teorías de Don Martirio. Por ejemplo que “…El efecto llamado viral que produjeron sus descubrimientos aun dentro de los límites de su adultez mayor, despejaron todo lo que piensa un anciano, y cómo puede lo pensado transformarse en verdad histórica que es más que todo retórica de sonora concupiscencia”. O verbigracia: “Martirio, yo mismo, sudo letras que llegan de mi biblioteca a mi cerebro, haciendo escala en las sábanas mojadas por un sudor legible…” Además: “En las frisas que cubren la ancianidad, hay letras de obras que te llegan de los miles de textos leídos. Los que llevas dentro”. Y en conclusión: “Soy una novela harta de personajes que vengo siendo yo mismo”.Quién iba a imaginar que el autor de La vida no tiene nombre, o De abril en adelante, en un ejercicio de ironía y reflexión, de meta ficción, jugando con el lenguaje postmoderno, se reiría de sí mismo, de los achaques de su ancianidad, “de la sudoración y a veces incontinencia” y del “ aviso de la total senilidad” o lo que él llama “la era glandular”, esa de la que un poeta dominicano cantó: “En llegando al arrabal de senectud”, y una poeta dominicana como Grey Coiscou versó: “Somos el tono gris de la vejez que emana/ de nuestros gestos tristes y burgueses / el deforme fantasma de las enfermedades”. En la voz ficcional de Martirio, es esa edad la que “produce resultados que van más allá de lo personal y que influyen en la biografía de escritores que a mi edad, 83 para 84 años, persisten en la comprensión de las energías ocultas, chamánicas…” Pienso que de las reflexiones gnoseológicas de este libro, encuentro un antecedente en la bibliografía de Veloz Maggiolo: La memoria fermentada, que él denominó Ensayos Bioliterarios. En los últimos tiempos, escritores que le visitaban se desconcertaban al ver sobre la mesa los libros que ocupaban sus ocios, junto a la Física cuántica a Historia de un alma y La muerte y su misterio de Camilo Flammarión; Isis sin velo, de Roso de Luna; Saulo de Tarso, de Ramatis; Ciencia y Espiritualidad, la nueva visión y Campos Mórficos de Rupert Sheldrake; Omar Khayam, el vino del místico y Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda. El notaba su extrañeza y travieso, se divertía. Y como ya es archisabido que el más fino, el más elevado sentido del humor es precisamente el que perpetramos a costa de nosotros mismos, y es el que solo son capaces de ejercitarlo con gracia y de disfrutarlo, los espíritus más exquisitos; por ello, la sonrisa que nos va brotando al compás y el son de la lectura de este Palimpsesto, se alterna con una irreprimible carcajada. Y así de pronto, me asalta un aire a otra novela dominicana, Memorias de Enárboles cuentes, publicada en 2004, por Rafael Peralta Romero. Pero son muy diferentes, partiendo desde la perspectiva en que fueron escritas. Enárboles es como un antiguo juglar en busca de un interlocutor que recoja y no deje perder su imposible, oral, cuanto fantasiosa e inverosímil biografía. Martirio, en cambio, nos hace partícipe de la borrazón de su biografía, vale decir de los libros que se consustanciaron con su propio organismo y ahora los expele, y él es el propio irónico escriba del palimpsesto, desde donde su palabra fermentará en algo nuevo. Pero la feliz humorada no es óbice para que más de una vez nos dé un vuelco el corazón, a cada alusión a la realidad real: la Biblioteca Nacional, un Diómedes custodio de libros, la página en blanco de un Presidente, la peste “sardónica”, pandemia, vacunas, etc., sobre todo si pensamos que este Palimpsesto no es una obra póstuma y consta que tampoco fue la última que escribió y dejó inédita. No obstante, salió a la luz en noviembre 2020 y 4 meses después, 12 de abril 2021, salió Marcio a la luz “del día sin ocaso”, del que le habló Mercedes Maggiolo, su madre evangélica; día en que salió libre su alma a la playa del cosmos, el cosmos del que tanto le leyó su padre el poeta y teósofo Francisco Veloz. Ellos, ¿qué duda cabe?, le aguardaban para acompañarle en la suprema y ultérrima travesía, cuando como dice Martirio: “Ella, la inolvidable, sonríe desde su barco…” Nosotros también asistimos, pues en este libro, avizoramos cómo un artista, un incesante creador, se despoja de mezquindad y en dación final, se trasciende a sí mismo, haciéndonos receptores agradecidos de la gran borrazón previsionada, cuando nos deja leer aun el palimpsesto final: “En este momento, en el que crees desaparecer, se hacen humo los bosques, y el pensamiento, antes de ser copiado, se desgrana por su cuenta, calle abajo, dejando vacío el universo…” ¿Quién iba a imaginar que el autor de La vida no tiene nombre, en un ejercicio de ironía y reflexión, postmoderno, se reiría de sí mismo? Suplemento Areíto (Sábado 18 de diciembre de 2021)

Vasija rota, una crítica lateral

Tuesday, 21 December 2021
Por. RAFAEL PERALTA ROMERO 10 diciembre, 2021 Santo Domingo. R.D.- - Se le atribuye a Jorge Luis Borges, argentino universal, la “teoría de los prólogos”, la cual se sintetiza en la afirmación de que el prólogo “es una especie lateral de la crítica”. El poeta Basilio Belliard, en un magnífico ensayo sobre el tema, apunta que “Como se ve, para el autor de El Aleph, el prólogo equivale al ejercicio de la crítica literaria, pero como una forma parcial, paralela, colateral al ejercicio de la crítica”.  La escritora Marcia Castillo, devota borgiana, ha concedido a un casi borgiano la distinción de prologar este, su primer libro de poemas. Vasija rota, he ahí el título, provocador, paradojal, bajo el cual se agrupan veinte poemas de límpida factura y alto nivel de abstracción, no obstante la llaneza del discurso poético de que se ha valido su autora. Marcia incubó la tentativa de nombrar su libro con el título de uno de sus poemas, precisamente el más chocante y fuñidor: “La poesía no sirve para nada”. ¿Indicará esa preferencia que quiere la autora presentar ese texto como su arte poética, entendida esta como un escrito en el que el poeta expresa en verso las razones de su canto y su filosofía de la creación? He aquí la estrofa final:  Hoy el hambre sobrevuela mi casa, La verdad abandona mi lecho, El amor me corona de espinas, Y yo pienso en mi amigo repitiendo En voz baja: “Qué absurdos los poetas”, “Qué absurda la poesía. ¡No sirve para nada!»  Lo absurdo es contrario a la razón, lo que frente a lo “normal” no tiene sentido. La poesía no tiene que basarse en lo absurdo para ser poesía, pero una condición innegable en la obra de creación es la rareza. Porque entre los insumos para constituir el poema no puede faltar el misterio. El uso del lenguaje puede refugiarse en la máxima naturalidad, pero habrá una connotación que libera el texto del dicho corriente y ordinario. Refuerzo mi pensar con esta certera consideración de León David: “La mecánica del raciocinio lógico es diurna, nocturna la del poema. No hay poesía, ni siquiera la de más cristalino linaje, que acierte a despojar la expresión de un halo de misterio”. (León David, El lenguaje de la poesía, Edit. Unicornio, Santo Domingo, 2017).  Mucho tiempo han empleado poetas y teóricos literarios, desde la antigüedad griega, en la búsqueda de fórmulas tendentes a mejorar y perfeccionar el arte de la poesía. Los movimientos y tendencias se han sucedido en y desde distintas partes del mundo y cada “ismo” ha pretendido derogar el anterior. “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje / que da su nota blanca al azul de la fuente; / él pasea su gracia no más, pero no siente /el alma de las cosas ni la voz del paisaje”. Así expresaba el poeta mexicano Enrique González Martínez la ruptura con el preciosismo y modernismo de Rubén Darío. Si alguna corriente poética ha merecido predominar es la que se vale de los símbolos para crear belleza mediante las palabras.  Busque en el poema “El colibrí y el trueno” significaciones que van más allá de las palabras. Trueno, poderosa expresión de la naturaleza asociada a divinidades, a dioses temibles que vomitan castigos en contraposición con una criatura diminuta y apacible marca una estampa de poesía novedosa que ha captado la señal del poeta González: ha torcido el cuello al cisne. El primer verso de ese poema, que lo es también del libro, evoca un cuadro grotesco:  Aquí hay gusanos negros que envenenan mi pecho. Muerden y no dan tregua.  Desde este primer poema, el libro de Marcia Castillo está recorrido de referencias universales: 1- bíblicas (zarza que arde, el monte, Talita cum, Diluvio…Mateo 17, Cantar de los cantares). 2- mitológicas (Sabinas, El rapto de las Sabinas es un episodio mitológico que describe el secuestro de mujeres de la tribu de los sabinos por los fundadores de Roma; Hipnos, personificación del sueño en la mitología griega; los amantes Hero y Leandro, también de la mitología griega, murieron por causa de amor; Avalon, isla de la mitología celta donde, según la leyenda, abundan sabrosas manzanas durante todo el año y habitan nueve hermosas hadas. De los griegos, además, ha tomado Eros, dios de la atracción sexual y por igual la figura del demiurgo, deidad que armoniza el universo). De estas corrientes poéticas y filosóficas hereda la poesía de Marcia Castillo el tono profético, a veces epifánico y apocalíptico en ocasiones. Del poema Diluvio:  Serán uno la penumbra y la roca, La esperanza, los lirios, la paloma. Sólo yo no estaré. El mar, como una gran memoria, Pronto se tragará la tierra…  Marcia Castillo se expresa con versos intensos que nunca se diluyen, aun en el caso de que asuman aliento anecdótico, dicho todo en forma secuencial, perfectamente hilvanado. Esta autora se exime del derecho que se arrogan muchos poetas contemporáneos de construir versos inconexos de los cuales resulta trabajoso descodificar el aspecto más simple: el sentido denotativo de las palabras y frases. Esta poesía está libre de acrobacias estilísticas y de rebuscado refinamiento:  Espina en mi costado eres… ¡No me dejes dormir! Hasta que estalle el alma, ¡clávame! (Clávame)  Mencioné de pasada el simbolismo (movimiento artístico, principalmente literario, que se originó en Francia en la postrimería del siglo XIX) sin decir que entre las características que se le atribuyen se cita que tuvo como objetivo “…la búsqueda interior y la búsqueda de la verdad universal. Se buscaba interrelacionar el mundo espiritual y el mundo sensible, haciendo uso de imágenes que expresaban distintas emociones”.  Si de algo no puede prescindir la poesía para provocar emociones y disfrute estético es del símbolo. El poeta se valdrá de este recurso, aunque no le interesen los postulados del movimiento en el que se destacó Charles Baudelaire. La poética de Marcia Castillo es rica en símbolos. La escalera, la espada, el mar, el viento, la lluvia, el espejo, el sueño son símbolos de carácter universal que aparecen en la poesía castillana (sic) para sumarle hondura y musicalidad:  Una mujer en el espejo sueña. Yo solo existo si ella me refleja. Nunca nos encontramos porque Cuando me mira ya soy otra Y cuando yo la miro su reflejo pregunta: “¿Tú quién eres?” (Árbol de la memoria)  Este libro insinúa, cuando no revela, las fuentes de las que suele alimentarse la autora y se torna fácil localizar lo mítico, lo místico y lo metafísico, que constituyen los soportes de la Poética Interiorista a cuyos predicamentos, la filosofía de Heráclito de Éfeso ha suministrado importantes aportes. Quiero destacar un homenaje poético-filosófico a Heráclito contenido en el poema Multiverso, el último del volumen:  ¡Todos los días soy otra en otro lugar y en otro tiempo! El río fluye y muere mansamente en los abismos. La mujer que no soy va y mira su reflejo, Se encuentra con el ángel pequeño, abandonado En plena carretera, ahora ataviada con rosas y azucenas.  En sentido general se trata de una poesía, la de Marcia Castillo, que comunica, despierta los ánimos y restaura olvidos. Porque la autora es capaz de intercambiar confidencias con los dioses   https://hoy.com.do/vasija-rota-una-critica-lateral/ Periódico Hoy

La representación de la ciudad de Santo Domingo desde la narrativa de los ochenta

Tuesday, 21 December 2021
Por:  MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN. AREÍTO (PERIODICO HOY) 13 noviembre, 2021 Santo Domingo. R.D.- - ¿Cómo pensar la ciudad de Santo Domingo durante los años ochenta? Una ciudad que comenzaba a constituirse en una megalópolis caribeña. La que llegará a tener tantos habitantes como el doble que tenía el país a la llegada de Trujillo al poder en 1930. Las migraciones internas de los años setenta la habían trastocado. Los sistemas de transporte, agua y alcantarillado habían comenzado a ser cada vez más ineficientes. Los inicios de los años ochenta marcan una ‘poblada’ de extraordinaria violencia. La juventud que había escuchado de sus padres lo que fue la Era de Trujillo se alineaba en nuevas formas de expresión literaria, los del Boom latinoamericano habían logrado la mayor difusión en Europa. La Universidad de Santo Domingo se había saturado y entre Movimiento Renovador y Colegio Universitario, dejaba espacio a otros centros con ideas distintas y el populismo de izquierda se comía el presupuesto universitario. Con la muerte del periodista Orlando Martínez, el periodismo como expresión de la sociedad letrada también tendrá su punto máximo. Los ochenta fueron unos años perdidos para la economía (Vega: En la década perdida, 1991), perdidos en la educación. La juventud estudiosa que nos precede se fue apagando y la proliferación de títulos y profesiones liberales corrió adelante como las carrozas políticas. La ciudad tuvo un nuevo lenguaje. Las migraciones internas y hacia el exterior dieron nuevos ritmos al folklore traído a la ciudad en la bachata que impulsa Radhamés Aracena en Radio Guarachita. Los gobiernos del PRD dieron movilidad social a otros estamentos de la sociedad que, desde el barrio, llegaron al poder, pero el poder adquisitivo no daba más que para comprar una motocicleta. Era poco lo que ofrecían las profesiones y la vida se hacía cada vez más difícil. La generación que oyó de Trujillo en los pesebres, de las ametralladoras y de “Manolo seguro, a los yanquis dales duro”, se quedó con los vagos recuerdos de las canciones de protesta, de la vida heroica de Caamaño y Mamá Tingó. Esa juventud no pudo asumir una gesta, ni su lenguaje construyó poemas épicos, porque “ya no necesitábamos más héroes”. Al terminar la década, muchas promesas se habían marchado, otras habían desaparecido del escenario; y las menos, se habían reconvertido al doblar la esquina en vendedores de esperanza montados en la carroza vocinglera de las caravanas electorales.  La ciudad. La situación del escritor aparece en la narrativa de Manuel García Cartagena, Aquiles Vargas fantasma (Taller, 1989). El protagonista a punto de suicidarse en el Palacio de la Esquizofrenia parece un símbolo de lo que ocurre. Solo las publicaciones de los estamentos de gobierno como la Colección Orfeo fueron gestos para una literatura de buhonerismo.  En los cuentos de García Cartagena, Historias que no cuentan (La Trinitaria, 2003), la ciudad tiene la atmósfera de desencanto, de encuentros entre la nueva sexualidad, los cineforos, las nuevas prácticas de la pequeña burguesía, unas veces venidos de las provincias, como en la narrativa de René del Risco Bermúdez. Pero este narrar, como lo demuestra García Cartagena, tiene también un espacio de escape con referencias a los estudios en Francia.  En “Su nombre, Julia” (1991) ya René Rodríguez Soriano había puesto la nostalgia del bolero de Toña la Negra, el recorrido por la ciudad en el cuento homónimo, la entrada por la Charles de Gaulle, la ciudad más allá del río Ozama y el aquelarre de las palomas en las ruinas del Hospital San Nicolás de Bari. El muchachito que cuida los autos y la niña que es Julia (o es Luisa) y dice gustar de las canciones de una caraja llamada Yuri. En “Laura baila solo para mí” es la ciudad con fantasmas, como en Cartagena, una ciudad maravillosa donde es posible soñar, pensar y perseguir el amor; el perseguidor es una voz lírica que cual cenicienta se queda con la zapatilla rosa y, en una pecera, baila un hermoso vals. Atrás han quedado los poemas a la patria; ahora es ella patria y única, “contra las bestias del olvido” (Girondo). La ciudad ya tiene un nuevo lenguaje, una manera de decir las cosas. De la radio AM habíamos pasado a FM; del radio de transistor, al ocho tracks y al casete. Ya las serenatas podían ser grabadas, y podíamos ser amigos o locutores en una emisora de la ciudad. La gente tenía radios portátiles y los amigos regresaban de los nuevayores, llenos de dinero y con pistola al cinto. La narrativa de los ochenta recorre los espacios que quedarán en la memoria: Casa de Teatro, eran Freddy y Luis Días, que hablaban de lo importante del esfuerzo cotidiano en el arte. El Conde con sus tiendas comenzó a venir a menos, aunque fuera ya peatonal. Uno recuerda sus tiendas de helados, o se recuerda leyendo “Peach Melba” de Rafael García Romero, uno de nuestros narradores más curtidos en el arte de narrar. Como en algún hotel que su creatividad hace más que un recuerdo. La ciudad es los espacios del Malecón, las muchachas y los juegos de la juventud que no se encuentra en el café Maniquí de la Plaza de la Cultura. Lo existencial y lo cotidiano, el cine de nuevo en “El recurso de la cámara lenta” de Ramón Tejada Holguín o los chistes de “Probablemente es virgen, todavía» (Mambrú, 1993).   Y así podremos ver cual personaje a Ylonka Nacidit en una exposición de pintura de bodegones de María Aybar en una galería frente al mar. Los de los ochenta eran chistes, chanzas y muchas promesas. Se desdibujaron en la ciudad, venidos de la provincia parecían volver a ella como en “El crimen verde” (1994), de Emilia Pereyra quien, en “Cóctel con frenesí” (2003), vuelve a recorrer los ambientes de la ciudad, pero ahora ya todo ha acabado. El Conde arrabalizado y donde luchan los fantasmas de Pedro Peix de la calle con las risas blancas de las sombras haitianas que prostituyen las madrugadas. Los ochenta inventaron un nuevo lenguaje para decir la ciudad. Es surrealista, es neovanguardista, es publicitario y desea que el otro lo encuentre. Es un lenguaje del amor y del desencanto del poeta en sus últimos momentos. Tantos poetas como abogados y todos en los ríos de la política de caravana, de festivales caribeños, de amasar el Estado en el bolsillo. Desdibujar una acuarela de la ciudad sin sus nostalgias, sin sus entradas y salidas, sería obra de falsarios. La ciudad con sus historias queda ahí, en “Mudanza de los sentidos» (2001) de Ángela Hernández, en “Adiós a la bohemia” (1998) de Frank Núñez. O en algunos cuentos circunstanciales del poeta que no llegó. Pero llegaron ellos… la ciudad se ensanchó y desde el río regresaron las nuevas voces buscando a Chochueca en los linderos de su propio desencanto. Nadie escribirá esta historia, sin darle la vuelta a la manzana para ver que una esquina es una esquina y otra esquina es la misma esquina en la Plaza del Sol en Madrid; en Washington Height, en San Juan o en cualquier otra ciudad en la que se teje el manto inverosímil de la dominicanidad. MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN. Fuente: https://hoy.com.do/la-representacion-de-la-ciudad-de-santo-domingo-desde-la-narrativa-de-los-ochenta/

¿Quién asume el legado de Pura Emeterio Rondón?

Tuesday, 21 December 2021
Por: Vianco Martínez Santo Domingo. R.D.- - Una escritora con urgencia de horizontes que soñó un país y lo escribió en sus libros    Santo Domingo, República Dominicana. – Era una muchacha grácil, con urgencia de horizontes y una sonrisa que le daba la vuelta al mundo. Tenía mucha fe, Pura Emeterio Rondón, y le sobraban los sueños. Y un día, guiada por los ángeles del saber, se fue al otro lado del mar y atravesó el umbral de la Universidad de Los Andes, en Mérida, Venezuela. Y eso le cambió la vida. Allí se encontró con un mundo nuevo, un mundo que rezumaba ideas de renovación y olía a futuro, y de inmediato se enamoró de él. Aquella academia la encandiló y le abrió caminos, la hizo desplegar las alas y, ante todo, le ensanchó el espíritu de libertad que aprendió en su casa. Pura Emeterio Rondón era una mujer voluntariosa y eso era parte de su encanto. Volvió a su tierra con las alas abiertas y escribió siete libros. Fue ensayista, investigadora, crítica literaria, catedrática, amó la poesía y a los poetas, y amó la vida y luchó por ella hasta su último aliento. En el arte de escribir lo puso todo, Pura Emeterio Rondón. Ganó dos premios nacionales, dictó conferencias, charlas y talleres y dejó huellas imborrables en el pensamiento crítico de la República Dominicana. Era licenciada en letras con especialidad en Lengua y Literatura Española por la Universidad de Los Andes, Mérida; master en Literatura Iberoamericana por la Universidad Nacional Autónoma de México; doctora en Letras por la Universidad Simón Bolívar, de Caracas; y diplomada en Estudios Superiores por la Universidad Católica de Santo Domingo. Pero por más títulos que tuvo nunca perdió el don de gentes que la engalanaba, y en su casa cada quien tenía un lugar.   Según Roxana Amaro, una maestra que aprendió a hablar con el viento en todos los idiomas que le regaló la vida, Emeterio Rondón, a quien considera dueña de una gran erudición, supo ser maestra dentro y fuera del aula. “Supo abordar los temas no solo desde la óptica estética, sino también lingüística, filosófica, política, histórica, didáctica, sociocultural, mística y metafísica, entre otras órbitas del universo”. Para Amaro, el libro de Pura Emeterio Rondón Literatura dominicana y otras ficciones es un caudal de riqueza y da cuenta de los atributos profesionales de la ensayista. Fue una mujer de “una vasta cultura, una amplia erudición, sensibilidad estética, visión crítica, profundo conocimiento lingüístico y literario, alto sentido ético y, sobre todo, su amor y su interés por compartir todo lo aprendido en esta fascinante trayectoria de la crítica literaria”. Las primeras luces Pura Emeterio Rondón encendió sus primeras luces con un libro fundacional: Domingo Moreno Jimenes: cimiento y búsqueda en la lírica dominicana.  Fue escrito en 1984, aunque ella lo publicó, con sus propios recursos, treinta años después. Fue preparado como requisito para su ingreso en calidad de docente-investigadora a la Universidad de Oriente, en Cumaná, Venezuela. Cuando lo escribió estaba imbuida de futuro. Ya era una bien plantada profesional del área de las letras, con un enfoque rotundo de la cultura de los pueblos del Caribe y que miraba esa zona, no como un lugar hecho de pedazos de territorios, sino como una totalidad multicultural. “Este libro reposaba callado en los archivos de la Oficina de Clasificación Docente de la Universidad de Oriente y en este momento quiero hacerle justicia, liberándolo de tan prolongado silencio”, escribió Pura en la presentación del libro. Es una publicación de la Editora Universitaria, de la UASD, y para que viera la luz la autora tuvo que poner de su dinero. En su ensayo, Pura Emeterio Rondón sacó al poeta de la bruma de los tiempos y lo colocó en el regazo de las nuevas generaciones. Y lo hizo con una mirada profunda. “Domingo Moreno Jimenes -dice- es un poeta íntegro e integrador. Poetizó con su vida y la de otros. Paulatinamente fue ampliando su universo poético en los ámbitos geográficos y espirituales. Supo convertir la poesía en experiencia del diario vivir del hombre en campos, aldeas y ciudades. Y con ese poder de síntesis que le dio la poesía, unificó su interior. Y así unificado, logró ver desde la perspectiva poética todo el universo, especialmente América”. Lo definió como “poeta de lo esencial”, “jubiloso cuando le es dado penetrar el misterio de las cosas, cuando siente abrirse a lo habitualmente nublado y penetrado”. Y lo colocó en el centro del universo y en el centro de la vida: “En su obra poética cabe todo el universo. El hombre, la mujer, todo el universo encuentra expresión en su obra”. “En Moreno Jimenes -prosigue- tiene nuestra tierra, ¡la tierra de los inesperados milagros! un auténtico poeta. Su nombre merece devoción y respeto. Es un artista del pensamiento y de la palabra. Nos dice la verdad de su alma, y tanta verdad dice que a veces su sinceridad ahoga la forma. No es un poeta de imaginación; su mundo no es un mundo imaginado, es un mundo vivido. Todo el universo está comprendido en su alma. Todos los dolores, todas las esperanzas, todas las ternuras, la visión de todas las vidas humanas convergen en su arte”. “El escenario de Moreno Jimenes fue la República Dominicana toda, pues la recorrió palmo a palmo con la dedicación de un enviado profético, y sí lo era, de la poesía postumista”. La tristeza del poeta Al desmenuzar a Moreno Jimenes y al postumismo, Pura Emeterio Rondón decantó sus elementos, miró verso adentro y entendió los motivos de su nostalgia y de la profunda tristeza del poeta. Dice Pura que fue un poeta triste, una tristeza que está repartida en toda su obra poética. Y para demostrarlo, ahí está La hija reintegrada, con sus versos estremecidos, su dolor a cuesta y su nostalgia infinita. La obra cumbre de la tristeza. “Moreno Jimenes -concluye Emeterio Rondón- es un poeta triste. Es una tristeza connatural, desde temprana edad y constante en toda su vida”. Pura estableció un paralelismo entre Moreno Jimenes y el poeta español Juan Ramón Jiménez. “En ambos poetas -dice la ensayista- lo esencial es el camino hacia lo absoluto. Juan Ramón Jiménez logra captarlo también en lo cotidiano y natural sin mayor esfuerzo, como el poema Dios visitante”. Rastreando a Compadre Mon Pura Emeterio Rondón tenía magia a la hora de sentarse a escribir, y en su libro número dos la puso toda. Se titula Género épico y elemento popular en Compadre Mon, una obra esencial para entender la literatura dominicana, mirar sus tiempos y observar sus contextos. La obra, escrita con rigor investigativo y como resultado de un rastreo minucioso hecho por los elementos estructurales que la componen, es una mirada hecha con los ojos de una especialista que tenía los pies en la calle. Está construida con un lenguaje rico y complejo, desafiante, y en base a un esquema que la situó a la vanguardia de la crítica. Según el filólogo José Enrique García, eso lo logra con base en la estructura, la metodología aplicada, el planteamiento y desarrollo de las tesis y las conclusiones. La ensayista miró muy adentro de la obra e identificó la intención social del texto, y donde Alberto Baeza Flores solo vio folklorismo, ella vio denuncia social. Pura desagregó en pedacitos de luz a Compadre Mon. Hurgó en sus contenidos, auscultó sus formas de expresión, vio detenidamente los tiempos de la historia y evaluó el perfil de los personajes. Se detuvo en los elementos épico y popular y los sometió a un análisis crítico y, al final, los unió en una propuesta para la relectura crítica de Compadre Mon. Y con ello abrió nuevos senderos para la comprensión de las historias, los contextos y la estructura de la obra, del perfil social de sus personajes y de los elementos que van tras la identidad nacional de lo dominicano, empezando por el mismo Compadre Mon. Y estas fueron algunas de sus conclusiones: “Compadre Mon recoge una vieja aspiración de la institución literaria dominicana en el sentido de dar al país una obra en la que pudiera reconocerse: su epopeya nacional”. “En Compadre Mon hay denuncia, concientización, utopía. El pueblo encuentra en el héroe su propia voz. No se trata de una presencia civilizadora exterior. Tampoco plantea la vuelta nostálgica de un orden socioeconómico anterior. Se hace eco de la visión de las clases populares del país, dueñas de un pasado que no fue mejor, de un presente que oprime y condena a la muerte”. “El símbolo Compadre Mon es, en el orden de la semejanza, una versión literaria del caudillismo en la República Dominicana, al mismo tiempo que impugnación del fenómeno como tal”. “La diversidad genérica y estilística de Compadre Mon, el sujeto plural que sugiere la perspectiva novelesca, constituye la marca ideológica de la presencia del pueblo en su cosmovisión y en sus aspiraciones”. “Y dentro de lo real maravilloso, la fe, como elemento básico en esta forma de percepción de la realidad, tiene en Compadre Mon un doble valor: sirve tanto para afirmar los poderes extraordinarios del héroe, como para reconocerlo encarnado en la existencia cotidiana del hombre dominicano”. Pura Emeterio Rondón se detuvo en la belleza del poeta y en su profundo lirismo, y no deja pasar frases excelsas como esta: “La calle es una historia que camina”. O como esta: “Por una de tus venas / me iré Cibao adentro”. Según la ensayista, Compadre Mon, por sus características estéticas y sus maneras de expresión, se adelantó al realismo mágico formulado años después y convertido en todo un fenómeno literario. El poeta Mateo Morrison también ha ponderado las luces y aciertos del libro de Emeterio Rondón: “Pura Emeterio Rondón, con libros como Género épico y elemento popular en Compadre Mon, Premio Nacional de Literatura, mención ensayo 1992, hace que la crítica no sea un espacio solo para la unilateralidad y la exclusión, pues demuestra que, como dijo uno de los grandes poetas de nuestra América, todo acto o voz genial viene del pueblo o va hacia él. Su admirable trabajo sobre Manuel del Cabral constituye una lúcida visión escritural acerca de esta obra medular de la literatura dominicana”. Para Manuel Núñez, Pura vio todo lo que el poeta Manuel del Cabral quiso resaltar: “En Compadre Mon se hallan la geografía, la historia, los personajes que obran como arquetipos en la construcción de nuestra historia”. El libro de Francisco Donde Pura lo metió todo fue en el ensayo que escribió sobre el libro El pobre de Asís, de Nikos Kazantsakis, quizás por su identificación con su espiritualidad. El lenguaje ahí es superior y las formas de la imaginación, ilimitadas. Allí ponderó la obra y ponderó al autor. “¿Habría podido alguien poner en boca del narrador o atribuir al protagonista palabras y hechos tan encomiables, tan profundamente humanos y sublimes sin tener también sentimientos de honda compenetración y amor a los personajes históricos que tan magistralmente recrea, sin compartir con ellos creencias y convicciones?” Sobre ese ensayo el enjundioso Luis Quezada, un hombre que sabe escuchar los latidos de los libros, dice que “es un trabajo digno de la locura simple y radical, alegre y jovial, llena de ternura y vigor que expresó con su vida el pobre de Asís, con su legado de pobreza, paz y amor, con el cual concluye felizmente la autora su breve pero concentrado estudio de una narrativa modélica del siglo XX”. Y pensando en el conjunto de su obra, expresa Quezada que Emeterio Rondón es “una pedagoga del ensayo” y “una exquisita crítica literaria” Pensar el Caribe de otra manera Pura Emeterio Rondón sentó las bases para pensar el Caribe de otra manera y aprender a mirarlo en su complejidad histórico-geográfica, etnolingüística y cultural y socioeconómica. Recorrió la geografía literaria de la zona y se detuvo en obras fundamentales. Manuel Matos Moquete, especialista en literatura, considera que Emeterio Rondón dio inicio a los estudios del Caribe con decidida sistematicidad. Él la conoció en la década de 1990 y cuenta que se hizo “un lector aplicado” de sus obras. Y en abril del 2017 le dedicó unas palabras en el acto en que las autoridades de la XV Feria Internacional del Libro 2012 le pusieron su nombre a una calle.  Ella estaba allí, vestida de luz y radiante como el mejor sol de una mañana, y en su presencia afirmó: “Pura Emeterio Rondón es en República Dominicana la especialista en los estudios caribeños de la literatura, la única con que contamos. Ese tipo de investigaciones y publicaciones singulariza a esta autora por los novedosos aportes en áreas incipientes, no explotadas en los estudios literarios en República Dominicana y en otros países colindantes”. “Particularmente, -continúa el especialista en literatura- pienso en la mirada caribeña de esa autora, en el estudio de grandes autores de la literatura dominicana”. “Los aportes de Pura Emeterio Rondón a la literatura dominicana deben ser apreciados por dos motivos: la búsqueda profundizada, investigada, interpretada de la autoctonía de la literatura dominicana; y la apertura y el dimensionamiento de nuestra literatura a escala caribeña, una realidad que nos interpela desde nuestros orígenes y a la cual le hemos dado la espalda”. Y concluye Matos Moquete: “La labor intelectual, dicha así con apresuramiento, de Pura Emeterio Rondón, debe ser exaltada no hoy, sino siempre en nuestro país. A mí me honra honrar a esa gran mujer dominicana”. Pura cultivó la humildad con rigor religioso e hizo de la conversación y la expresión oral un arte mayor. Y ese mismo día, frente a la candorosa sonrisa de la ensayista, expresó Matos Moquete: “Todo su haber, de lo cual es muy ínfimo lo que aquí se ha resaltado, daría a cualquier escritor o intelectual que no fuera Pura Emeterio Rondón motivos para vanagloriarse. Ella no. Sus creencias y su práctica de vida se lo impiden”. ¿De qué color es la literatura dominicana? Las élites dominicanas que escribieron su versión de la historia se alzaron con el gran logro de deformar, en opinión de la ensayista Pura Emeterio Rondón, la mentalidad del pueblo dominicano en la percepción de sí mismo. “La élite dominicana, erigida defensora de lo hispánico, impuso sus valores, al extremo de pretender suprimir la herencia africana, negando unos valores absolutamente vigentes en la vida, en la cosmovisión del dominicano. Ello condujo a obstaculizar la comprensión adecuada de la propia identidad étnico-cultural, sobre la base de los elementos que verdaderamente la componen, y a este nivel también ha contribuido a deformar la mentalidad del pueblo en la autopercepción de sí mismo”. Esta idea es una de las conclusiones del ensayo ¿De qué color es la literatura dominicana?, incluido en el libro Estudios críticos de la literatura dominicana, en el que la escritora aborda la historia étnica de la República Dominicana y sus omisiones en la literatura, así como su impacto en la vida cultural y en la identidad. La literatura dominicana no tiene color, según Pura; a lo sumo es mestiza y ha omitido en sus historias elementos que son esenciales para definir la identidad, como la presencia del componente africano, concentrando sus definiciones en los conflictos con Haití y aferrándose exclusivamente a lo hispánico.   “En la literatura dominicana, por lo general, está ausente la cultura negra o mulata, así como también el conflicto silente que estas han mantenido entre sí. De ahí que la literatura dominicana, grosso modo hablando, sea una literatura sin color”. “Una visión panorámica de la literatura dominicana en el siglo XIX -agrega la ensayista- no deja ver ningún registro de elementos étnicos, salvo referencias épicas y nostálgicas de la raza indígena. Para esta literatura el negro no existe; menos aun los conflictos raciales, así se puede ver en estos escritores una perspectiva eurohispánica. Escritores clásicos de la literatura dominicana como José Joaquín Pérez, Salomé Ureña de Henríquez, Gastón Fernando Deligne o Arturo Pellerano Castro desconocen la pluralidad étnico-cultural del país”. Tradicionalmente, la literatura dominicana ha mantenido largos silencios sobre este tema, concluye Emeterio Rondón.  Según Pura, el mérito de una visión distinta se lo llevan Manuel del Cabral, Marcio Veloz Maggiolo, Aída Cartagena Portalatín y, tiempo atrás, Juan Antonio Alix, entre otros. Lo que Jit piensa de Pura Ella era una mujer de fe, él también un hombre de la iglesia; ella pertenecía a la Institución Teresiana, él a la Orden de los Frailes Franciscanos. Se conocieron en el 2012, poco después de que ella llegara, con las luces encendidas, de su experiencia venezolana, y él ya estaba pensando en el mundo y sus historias. Y de inmediato se amistaron, una amistad que tuvo mucho que ver con la literatura y con la espiritualidad. Y el jueves 10 de diciembre del 2020, en la conferencia “Fundamentos de una nueva crítica literaria en busca de nuestra expresión en el libro Ética y estética en el mito literario (en República Dominicana y Haití) de Pura Emeterio Rondón”, en la que se develizó la fotografía de la escritora, él, el escritor Jit Manuel Castillo, hizo de ella esta definición: “Era un alma iluminada que, con su disciplina literaria, tesón y esmero alcanzó la expresión firme de la institución artística”. Al ponderar su obra, Castillo aseguró que Pura Emeterio Rondón “funda una nueva crítica literaria dominicana, caribeña y latinoamericana”, y opina que “la trascendencia de sus ensayos literarios abre el horizonte para el ejercicio de una crítica literaria que va más allá del me gusta, no me gusta; del amiguismo o el revanchismo, en fin, de la crítica que no se sustenta críticamente”. Según él, sus ensayos tienen la virtud de no perder de vista el estilo ni caer en el academicismo. El ejercicio de la crítica Pura Emeterio Rondón fue una pensadora total, una entidad preparada para lidiar decorosamente con el hecho literario, y tenía un concepto muy elevado de lo que debía ser la crítica y de su sentido ético. “Ni la amistad ni la enemistad -sostenía- ni la coincidencia ni la disidencia con el autor en posiciones ideológicos, de poder o afectos, debe primar en el momento de enjuiciar una obra”, decía. “La crítica no debe ser entonces visceral porque se descalifica. En ese sentido, es importante tomar en cuenta que el juicio es a la obra, no directamente al autor, pese al reconocimiento de los estrechos lazos que los unen”. Ofelia Berrido, la poeta que transfirió la luz de sus ojos a la luz de sus versos, asegura que, como crítica literaria, Pura Emeterio Rondón pertenecía al mundo de la luz. “Su arte -observa Berrido- lo dedicó a mostrar lo mejor de la literatura dominicana, y en el proceso muestra las imágenes presentes y probables, los movimientos de la obra y sus sentidos posibles; los sentidos inequívocos, a la vez que muestra cómo las obras se le escapan”. Y prosigue: “Emeterio como crítica, con su técnica y estilo, nos habla de las obras como estas le hablan a ella, en su parte esencial”. En su opinión, cuando Pura analiza un texto se expresa a sí misma: “Su mundo y el de la obra se responden mutuamente, eco de voces que tienen de pareja el mismo vértigo. Su pensamiento crítico en sí mismo reproduce el movimiento esencial de la obra. (…) La autora se transforma como parte de la aventura literaria”. “Y es que todo el mundo de la crítica verdadera y honesta es objeto de un cambio frente al material que decide estudiar, al quedar atrapada en el mundo de la ficción que penetra”. Para Tulio Cordero, el poeta que notificó en sus versos que carga en las pupilas “la llama, los pájaros y viento, la escritura crítica de Pura es una osadía. “Y he aquí la osadía de Pura Emeterio: dejarse seducir, arrastrar por una provocación, abrirse un sendero hacia el sustrato primigenio que sustenta esa otra palabra”. Dice el maestro Bruno Rosario Candelier, quien considera su obra como “un ejercicio crítico auspicioso, iluminador y significativo”, que su valor es que, al analizar un texto, toma en cuenta unas coordenadas sociográficas, intelectuales y estéticas, así como la realidad social, histórica, antropológica, ambiental y cultural, y la connotación de las estructuras conceptuales, espirituales y estéticas”. “Nuestra distinguida escritora -aduce- posee el don de la palabra, el don de la interpretación y el don del servicio altruista. Dotada con la gracia de la ternura y la comprensión, su trabajo crítico y ensayístico refleja no solo su inteligencia y su sensibilidad, sino la seriedad de análisis, la profundidad de sus planteamientos y la propiedad con que se expresa, al testimoniar sus percepciones interpretativas de los diversos textos que han merecido la atención crítica de la escritora dominicana”. Agrega Rosario Candelier: “Pura Emeterio Rondón era una mujer de luz, inspirada en la verdad, la belleza y el bien; un ánfora de amor y solidaridad, impregnada de un genuino ideal humanizante; y un cauce de sabiduría y dulzura, centrada en la gracia divina. Su obra literaria es un reflejo de su pensamiento y su horizonte intelectual, estético y espiritual. Y un testimonio, lúcido y elocuente, no solo de su talento exegético y ensayístico, sino de los valores que motorizaban su palabra y de los principios que fraguaban su virtud, su pasión y su espiritualidad”. Avelino Stanley, cuya novela Tiempo muerto ella sometió a un lírico escrutinio, expresó que Pura Emeterio Rondón era “una profesional de las letras en cuerpo y alma; una militante del oficio que, en la labor arquitectónica de lidiar con el genio y la figura de un autor o autora y su obra, sabía descomponerlos en piezas ínfimas y luego rearmarlos con una inusitada pericia”. La escritora Emelda Ramos se siente discípula de la ensayista, y desde esa cercanía tiene unas tiernas remembranzas de la Pura que conoció hace mucho tiempo en su andar. “Quiero consignar que conocí a Pura Emeterio Rondón en el año 1968, cuando ella, en plena adolescencia, pues, contaba 16 años, era ya una dedicada normalista de la reputada escuela Félix Evaristo Mejía”. Ramos pondera su voluntad y su entereza a la hora de encarar sus temas. “Nunca le tembló la mano a la hora de abordar los temas por espinosos que fueran, porque su vocación dialógica estaba por encima de muchas consideraciones”. Y Camelia Michel, la poeta que puso a agonizar a los astros en un verso de su Estación oscura, expresó que Emeterio Rondón, que era su amiga y compañera de luchas y desvelos, tenía la magia infinita de unir en una sola fuerza la pasión, el rigor, la técnica y la curiosidad a la hora de enfrentarse a sus temas.  “Ella suele llevarnos de la mano por cambios inesperados y sorprendentes hacia verdades de a puño, o simplemente hasta los oasis de mayor belleza y frescor, con un estilo suave y un lenguaje fluido y sin mayores artificios”, aduce Michel. En consideración de César Zapata, poeta y académico, Pura Emeterio Rondón es una maestra del buen decir, una escritora que construye sus textos “con transparencia y exactitud” y “sin esterilidades decorativas”, creando una atmósfera discursiva sin didactismo y facilitando la comprensión de los textos analizados”. La música de las palabras Acudió a Petrarca y a su Cancionero de 1349. También al poema que este dedicó a Laura de Noves, su amada, a la hora de su muerte, Triunfo della Morte y, sobre todo, a la musicalidad de su escritura. Y desde esas premisas preparó sus análisis sobre la música, como un hecho que va de la mano de la literatura, que es parte de ella y que, con el devenir de los tiempos, se hizo parte indispensable de la magia de la escritura. “Tres siglos más tarde -explicó Pura en su ensayo Aproximación a los antecedentes literarios del bolero- en el siglo XIX, surge otro antecedente importantísimo para el bolero: el romanticismo. Nace en Alemania y se extiende por el resto de Europa y América. En España tiene cultivadores importantes como Espronceda, pero el más destacado, para algunos ya posromántico, es Gustavo Adolfo Bécquer”, con sus Las oscuras golondrinas. El bolero -puntualizó la escritora- es una expresión de identidad caribeña y, por tanto, dominicana. En él está cifrada una forma de cultura, una forma de vivir, de pensar, una manera de concebir la realidad y de relacionarse con el mundo. “En particular el bolero es elemento esencial en la conformación del alma caribeña, en su emotividad estética y dolorido sentir. Ciertamente, hemos creado el bolero en la misma medida que él nos ha creado a nosotros, en una reciprocidad dialéctica que no cierra el círculo, sino que lo expande hacia otras culturas y hacia nuevas posibilidades de regerminación bolerística”. “Hay un derroche de colores, luces, brillo, música, mariposas, estrellas que bajan, balcones y alegrías, en una armoniosa combinación de versos de arte mayor con los de arte menor. Todo ello muy propio del modernismo”. Pero para Emeterio Rondón, la música va más allá de las canciones. Está en la poesía, en la prosa, en la lengua y, en general, en la vida de todas las personas. “La lengua suministra al escritor la plataforma rítmica para su creatividad, para su exploración y explotación, en función de los significados que quiere dar a los mundos poéticos, narrativos, dramáticos o ensayísticos, según el género que cultive”. “El hecho que la articulación ritmo-música-literatura ha implicado un diálogo permanente a lo largo de la historia de la literatura y durante ella ha contado con momentos estelares”. Candidata al olvido En un país que siempre lleva prisa en olvidarse de sus valores, Pura Emeterio Rondón es una candidata perfecta al olvido. Murió hace cuatro años y su legado está en el aire. Hoy nadie se decide a asumir la edición de sus obras, que son su legado, a nadie parece interesarle que su nombre sea presencia en el ámbito intelectual y a nadie parece importarle que la huella que dejó en el pensamiento crítico dominicano se proyecte hacia el futuro. La escritora Lidia Nieves Emeterio Rondón, que es su hermana, sabe el tesoro que dejó Pura a la posteridad, y con las pocas armas que le concede la vida lucha cada día para que se mantenga su legado. Ha tocado puertas, enviado cartas y participado en reuniones; ha hecho propuestas y ha formulado proyectos. Sus desvelos no han tenido límites. Ha ido al área cultural del Banco de Reservas, al Archivo General de la Nación y a otras instituciones. En su romería ya se le están acabando las palabras. Lo más cercano a un reconocimiento que ha tenido Pura Emeterio Rondón lo hizo el escritor Rafael Peralta Romero, en su calidad de director de la Biblioteca Nacional, quien dispuso que se colgara una fotografía suya en tamaño 24 x 30 en la Sala Aída Cartagena Portalatín, aquel jueves de diciembre en que su amigo Jit Manuel Castillo dictó la conferencia sobre ella y un grupo de escritores le hizo un homenaje. Pura Emeterio Rondón es una escritora que le concierne al futuro. Lo dio todo por la cultura dominicana -hasta la vida- y hoy lo único que le está quedando es su derecho al olvido. Pura en el tiempo La imagen de Pura que todos recuerdan es la de una mujer entera que siempre podía hacer que las estrellas bailaran para ella, un ser enamorado de la literatura del Caribe, que nunca dejó de luchar y que a través de sus libros presentó sus respetos a las letras dominicanas: una prometida del futuro. Hoy es el cumpleaños de su ausencia. Hace cuatro años que partió y aún es difícil imaginarse que aquella mujer fuerte y voluntariosa, que cargaba el mundo en su mirada y que no dejaba de sonreír, haya dejado de existir. Sabía sonreír, aquella muchacha, y la vida le sentaba bien. La tuvo en sus manos durante sesenta y cinco años, y con su sonrisa radiante y con sus destellos iluminó todo aquello que vieron sus ojos. Ella soñó un país y lo escribió en sus textos. Sus libros son del tamaño de su libertad. Hablan de mundos posibles y de aquellos universos luminosos a los que las ideas suelen poner alas. Sus palabras, hermosos decires desparramados en sus siete obras, en sus conferencias y en sus ricas conversaciones, eran firmes y rotundas. Pura Emeterio Rondón ejerció la crítica con precisión, elegancia y profundidad y fue una ensayista fundamental. Puso su mano en textos esenciales de la literatura dominicana y caribeña y miró a todos los rincones de esta geografía. Y, por la calidad de su trabajo, fue reconocida con dos premios nacionales de ensayo. Pero el mayor galardón que tuvo siempre fue el respeto de los demás. Su labor fue distinguida por todos, aunque era evidente que nunca fue parte de las élites ni estuvo cerca de los centros de poder intelectual. Siempre se movió en los márgenes, nunca en los centros. Cuando la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PCMM) creaba la Cátedra de Estudios del Caribe, un hecho relevante para el acercamiento a la cultura de estas islas, a nadie siquiera se le ocurrió pensar en el nombre de aquella mujer que, según Matos Moquete, había definido los contornos del Caribe cultural: el de Pura Emeterio Rondón. Según la historiadora Carmen Durán, su obra es parte importante del acervo bibliográfico de la nación y debe ser protegida. “Eso la consagra como una intelectual comprometida cuyos textos nos revelan un contenido didáctico, analítico y vigente dentro de la bibliografía educativa nacional”. Entre sus amigos ella sigue siendo una presencia y en su familia aún está viva su sonrisa. Ahora Pura pertenece al tiempo, y su recuerdo queda a disposición de las flores. Su obra está ahí, en brazos de la posteridad. Esa es su marca, ese su legado. De lo que se haga hoy depende que sus libros, ya ella ausente, vuelvan a nacer. Últimos escritos Quería andar de gancho con la luna e intercambiar con ella su luz; quería tener un asiento en el futuro y que sus libros fueran interlocutores del tiempo. Pero no pudo. Tenía apenas sesenta y cinco años cuando entró a un consultorio médico para un chequeo rutinario y salió con un diagnóstico de cáncer terminal. Ahí empezó su peregrinaje por esos caminos del dolor. El mismo día del diagnóstico -17 de enero de 2017- comenzó la cuenta regresiva. Ella se empeñaba por mantenerse de pie y a veces lo lograba. El viernes 28 de abril, junto a Laura Gil, Delia Quiñónez y Olivier Batista como moderador participó en la XX Feria Internacional del Libro en el panel “Miguel Ángel Asturias, 50 años de un Nobel” en la Sala Carmen Natalia Martínez, de la Biblioteca Nacional. También era jurado del concurso literario auspiciado por ese evento. En esa misma feria fue convidada a otra actividad, pero llovía a cántaros aquella tarde y ella, en el estado en que se encontraba ya, no pudo ir. Pura dejó de escribir cuando ya los dolores la desbordaban y las quimios comenzaban a derribarle las defensas. Lo último que pudo llevar hasta el final fue el prólogo de El derrumbe, de Federico García Godoy, en edición de la Biblioteca Dominicana Básica, del ministerio de Cultura. Un día de mediados de año de 2017 la llamó José Enrique García, director de la Editora Nacional. Ella había leído la obra hacía tiempo y le interesaba mucho el tema, que tiene que ver con la patria y sus dolores. Pero dudó. Pensaba que no iba a poder cumplir y no estaba acostumbrada a quedar mal. Lidia Nieves la convenció de que lo hiciera y se comprometió a apoyarla con los textos y referencias que necesitara. Cuenta Lidia Nieves: “Un día le dije: Tienes que apurar, el tiempo se está venciendo. Y ahí ya me dijo: No te das cuenta, es que ya yo no puedo. Pero aun así decidió que sí podía. ¡Y lo terminó! Fue un mes entero de trabajo y tropezones. Las conclusiones de su último prólogo fueron estas: “El derrumbe es un texto fundamental para el estudio de la génesis de la primera intervención militar norteamericana en nuestro país en el año 1916, así como del comportamiento de los estadounidenses, apegados siempre a sus propósitos particulares, como, por ejemplo, la Doctrina Monroe y la Convención”. “Cien años después de haber sido escrita, su lectura provoca el inevitable impulso de constatar los niveles de similitud en la ocurrencia de hechos o comportamientos entre aquel periodo y este que nos ha correspondido vivir. ¿Es que este libro contiene verdades y males con vocación de eternidad?”. Era fuerte, Pura Emeterio Rondón, y entre quimio y quimio, se ponía a escribir, a preparar notas, en ocasiones en la misma sala de espera de la clínica. “A veces era tarde de la noche -recalca la hermana- y el malestar se le calmaba un poco. Volvía a la computadora y comenzaba a decir mira, ay caramba, fallé aquí, fallé allí. Hasta que pudo limpiarlo y se lo mandó a José Enrique”. Fue casi un trabajo en equipo. Eso fue en julio. Tuvo que detenerse mucho pues estaba escribiendo desde el dolor, pero aun así ella quedó satisfecha con el resultado. Cuando le puso punto final al prólogo de El derrumbe sintió que había obtenido una victoria contra el desaliento. Sobre ese trabajo, su amigo Manuel Núñez comentó años después de su muerte: “Al leer este último ensayo de Pura Emeterio Rondón no puedo sustraerme a la nostalgia, al inmenso valor de su personalidad literaria y a la profundidad y al valor de su pensamiento, que siempre echaremos de menos”. Otro día la llamaron del ministerio de Cultura para pedirle que escribiera un artículo sobre el agua en la poesía dominicana, pues allí a alguien se le ocurrió que, con todo y ser una isla, la República Dominicana vive de espaldas al mar. “Yo recuerdo -rememora Lidia Nieves- que llegué un día con dos poemas que encontré de Mariano Lebrón Saviñón; también de una poeta dominicana que tiene como dos poemas sobre el agua. Se los llevé y se puso contenta y se animó”. Pero a pesar de la colaboración de su hermana no pudo preparar ese trabajo. Era que ya las fuerzas no le respondían. En esos días también terminaba un doctorado en Filosofía en un mundo global y como tesis doctoral escogió temas relacionados con el Caribe. En ese trabajo iba a someter a estudio los textos de Federico Gratereaux, y el maestro Gerardo Ogando, uno de sus compañeros, cree que ella llegó a redactar al menos el primer capítulo. Además de las clases que impartía en la UASD, también coordinaba una maestría en literatura hispanoamericana. Agosto cruel Agosto fue cruel y no le dio tregua. Ya había tenido tres internamientos e incontables sesiones de quimioterapia. “Para ese tiempo fue todo muy violento; tenía dolores muy fuertes, ya no podía ir a la universidad, casi no podía mover las manos y respiraba con dificultad”, recuerda Lidia Nieves. En un momento el cáncer la engañó y le dio una apariencia de victoria. En un estudio que se le hizo tras un tratamiento parecía que se estaba reduciendo, pero en realidad lo que hacía era crecer en otra dirección. “Un día -recuerda Lidia Nieves- las doctoras que la atendían me llamaron para decirme que nos preparáramos, que ya a ella no le quedaba mucho tiempo, que el cáncer había hecho metástasis, que ellas lo habían hecho todo y que en lo adelante lo que quedaba era rezar. Entonces, ahí supimos que ya no había nada qué hacer”. Al despuntar septiembre de 2017, ya la vida se le estaba convirtiendo en un silencio. Aquella sonrisa que hacía juego con la luna se apagó y a su alrededor se instauró una orgía de sombras y tristezas. El día antes de partir ni siquiera sintió dolor físico, solo un dolor existencial y la luminosa serenidad que siente una persona de fe en su último minuto. Los gemidos del ciervo herido Dos años antes, en su libro Literatura dominicana y otras ficciones. Estudios críticos, había escrito un ensayo sobre Gemidos de un ciervo herido, un hermoso poemario de Fausto Leonardo Henríquez hecho de versos dolientes y estremecidos que obtuvo en España el Premio Mundial “Fernando Rielo” de Poesía Mística 2009, en su versión XXIX. Y de su autor había dicho que su poética “integra la sensibilidad, la estética y la mística, mientras al mismo tiempo sostiene y resguarda el amplio mundo interior de este poeta genuino, a quien, por sus dotes literarios y atributos humanos, expreso mi hondo reconocimiento y admiración”. Por una de esas cosas raras de la vida, ella misma terminó convertida en la metáfora de un ciervo herido, y estos versos, que ella analizó en aquel libro, cobraron una triste similitud en sus últimos días: Muero con la tarde. No llevo nada a la tumba: ni reloj ni llanto. A fuerza de frío palidece la noche.   Bajo el sueño, tumba que madruga a la muerte. Dejo al pie de la cama mis despojos Para descender a la noche. Y así, justamente, como un ciervo herido, a las dos de la tarde del cuatro de septiembre del año 2017, Pura Emeterio Rondón descendió a la noche y entregó su último suspiro. Fuente:https://acento.com.do/cultura/quien-asume-el-legado-de-pura-emeterio-rondon-8984839.html  

Las nominaciones al Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil

Tuesday, 22 June 2021
Por: Avelino Stanley Santo Domingo. R.D.- - Están de pláceme las autoridades de la más alta casa del libro en República Dominicana. Y no es para menos. Acaban de anunciar once nominados que optan por el Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Desde ya, comenzando la gestión, el director de la institución, el escritor Rafael Peralta Romero, se anota un triunfo en grande para su gestión. Hace rato que este premio era necesario para reconocer la gran labor realizada desde hace décadas por un puñado de autores dominicanos en materia de Literatura infantil y Juvenil. El galardón es necesario porque constituye un verdadero incentivo a la producción que realizan los autores de las nuevas camadas que tanto dinamismo y calidad le han impregnado al género.Todos debemos sentirnos regocijados por este galardón. Se espera que con el proceder de los gestores del mismo el galardón se convierta en importante, deseado y esperado. El director de la Biblioteca Nacional acaba de anunciar que la institución recibió once postulados al galardón. Los nombres de los aspirantes han sido dados a la prensa. Ese es un primer paso importante del premio: todo con transparencia. De los once postulados se escogerá solo uno. Desde nuestro punto de vista, cualquiera que sea escogido de los que están en la tómbola, dejarían bien parado el premio. No obstante, se trata de un galardón que en la convocatoria señala que “el objetivo principal es reconocer cada año la obra realizada de por vida por un escritor que haya desarrollado una carrera literaria enfocada en la creación de textos para niños”. Todos apoyamos ese propósito. Sin embargo, un galardón que se estrena debe hacer honor al objetivo que enarbola. La literatura infantil juvenil dominicana ha tenido un proceso balbuceo de más de cien años. Cuenta en esa etapa con nombres importantes en calidad de precursores. Se trata de autores de mucho peso pero que solo han estado de visita en este campo, publicando uno, dos y hasta tres libros. No obstante, existe un grupo no muy numeroso que comenzó su vida literaria publicando literatura infantil juvenil. Son autores que se han desarrollado en esa área, que nunca han salido de la misma, y que al día de hoy se mantienen activos. Desde nuestro punto de vista, ellos son los fundadores de la actual literatura infantil juvenil dominicana. Debiera decir fundadoras, porque son más mujeres que hombres. Aquí van los nombres. El orden en que se colocan apenas indica las fechas en que comenzaron a publicar y se incluya la primera obra publicada. Ellos son: Lucía Amelia Cabral, Hay cuentos que contar, 1977; Rafael Peralta Romero, Niño y poesía,1977; Marcio Veloz Maggiolo, De dónde vino la gente, 1978; Aidita Selman, El tiempo de un cuarto, 1979; Lorelay Carrón, Roberta, la elefanta roja y coqueta, 1982; Eleanor Grimaldi, Cuentos infantiles y juveniles, 1984; Mery Colins de Colado, La gatita Mima y sus amiguitas las violetas, 1987; Oscar Holguín-Veras, Los bosques de Holguín, 1986; Margarita Luciano, El día que llevaron la electricidad al paraje La Ciénaga, 1988; y, Brunilda Contreras, Tras la olla de oro, 1993. Todos ellos comenzaron a publicar desde finales de los 70, continuaron en los años 80 y no han parado hasta el día de hoy. Todos tienen entre cinco, diez, quince o más obras publicadas. Su aporte ha sido trascendental para la Literatura Infantil Juvenil dominicana. De ese grupo hay dos inhabilitados, uno por deceso y otro por las funciones que desempeña. Lamentablemente para la ocasión de la primera entrega del Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil solo están postuladas tres de ese grupo. Ellas son Lucía Amelia Cabral, Eleanor Grimaldi Silié y Margarita Luciano López. Ojalá el cuerpo del jurado sopese la condición de fundadoras, trabajadoras incansables, autoras que aún tienen mucho que aportar, y escoja a una de ellas. This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. document.getElementById('cloak7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0').innerHTML = ''; var prefix = 'ma' + 'il' + 'to'; var path = 'hr' + 'ef' + '='; var addy7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0 = 'avelinostanley' + '@'; addy7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0 = addy7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0 + 'hotmail' + '.' + 'com'; var addy_text7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0 = 'avelinostanley' + '@' + 'hotmail' + '.' + 'com';document.getElementById('cloak7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0').innerHTML += ''+addy_text7f9822928cb219a62acdcafbc746dba0+''; Fuente: https://eldia.com.do/las-nominaciones-al-premio-biblioteca-nacional-de-literatura-infantil/

ALERTA. Escribir con rima es tan válido como en verso libre

Tuesday, 09 March 2021
Por Juan Freddy Armando El admirable escritor Omar Messón publicó un poema en su página de Facebook que provocó opiniones de otros varios: José Ángel Bratini, Eduardo Díaz Guerra, Ramón Saba, entre otros. Se habló de si la rima es anticuada o no. Publico mi comentario al respecto en forma de artículo. Algunos piensan que las viejas escuelas de arte pasaron de moda, que no debe volverse a ellas. Que, por ejemplo, escribir sonetos no hoy no tiene sentido, porque prima el verso libre. Con ello cometen el mismo error, pero a la inversa, que «los tradicionalistas más radicales, pero son pocos y cada día sus posturas se convierten en soliloquio y completa ridiculez», en palabras de Bratini. En ambos casos se trata de una limitación mental impropia del arte, la técnica o ciencia. Similar falta es abominar del pasado en nombre del presente o el presente en nombre del pasado. El verso libre y la rima son partes de las distintas maneras de enfrentar el hecho poético, válidas en cualquier época o país. Son riquezas formales para el poeta expresarse y revolucionar la poesía. También el verso blanco, que tiene medidas y no rima, aplicado por Neruda en «Cien Sonetos de Amor». Igual el poema en prosa o prosa poética (sin música ni versos) inventado por Baudelaire, aunque ya existía, en cierto modo, sin ese nombre. Todo es válido en el arte si, haciendo buen uso de la técnica creativa o inventando una nueva, conmovemos con hondura la sensibilidad de los espectadores. Las escuelas son asuntos de críticos, más que de lectores y escritores. Siempre válidas y actuales, puede volverse a ellas y hacer grandes obras. Tanto el verso libre como la rima pertenecen al pasado, pues el primero probablemente inició en el siglo XIX, con Whitman, y estamos en el XXI. La rima surge muchos siglos antes, cerca del siglo X antes de Cristo. Pero la edad de una forma no la vuelve nunca anticuada, ya que si así fuera, el realismo en pintura no se practicara, debido a que es la primera forma del arte pictórico: retratar la realidad monda y lironda. EL VERSO LIBRE NO ES LIBRE NI EL RIMADO UNA PRISIÓN Lo que no debemos es volver a una forma históricamente anterior (nunca anticuada) sin mirarla con nuevos ojos, sin renovarla. Petrarca, Rubén Darío y Antonio Machado reformaron rima, ritmo y medidas. Los renacentistas revolucionaron las artes, volviendo a los modos clásicos, como siempre se hace: imprimiéndoles el estilo distinto que produce observar una obra desde otra época. Y, obviamente, crearon uno de los períodos de mayo esplendor en la historia del arte, con obras y autores emblemáticos e inolvidables. Y que conste que el verso libre se llama así, pero en realidad todo verso, incluyendo los rimados, es y no es libre. Lo es porque el poeta se siente libre, espontáneo, suelto, feliz, en su ejercicio. Pero no lo es porque también tiene su propedéutica y retórica. Lo mismo ocurre a quienes escriben con rima: cumplen sus reglas. Pero se sienten libres dentro de ellas, aunque aquellos que no la practican piensen que no. Ya lo decía Gabriela Mistral (la cito de memoria): «Dicen que escribir versos rimados da mucho trabajo, y sin embargo, para mí lo difícil es escribir sin rima». La música, como género artístico, es otra muestra de que situar la escritura en una medida y rima no es una limitante. Las composiciones musicales están generalmente normadas por esos recursos. De modo que el poeta rimado goza de tanta libertad como quien escribe en los llamados versos libres. SON DEL PASADO PARA EL RELOJ. NUEVAS PARA EL SENTIMIENTO Como he dicho, es tan equivocado renegar del pasado como del presente. Quienes lo hacen disfrutan menos el proceso de crear y/o disfrutar las piezas artísticas. Debemos ser tradicionalistas y vanguardistas. Abrevar en las maravillas de ayer (que solo pertenecen al pasado para el reloj, pues para nuestra sensibilidad creativa y analítica son como acabadas de hacer) hoy y mañana. Por eso, las escuelas de pintura, música, arquitectura y otras artes, empiezan refiriendo su enseñanza al pasado. Se estudian e imitan creaciones del pasado: clásico, romántico, etc. Tenía razón el maestro Borges cuando dijo: «Felizmente, no nos debemos a una sola tradición; podemos aspirar a todas». Y en otra parte: “No profeso ninguna estética. Cada obra confía a su escritor la forma que busca: el verso, la prosa, el estilo barroco o llano”.  

Manuel Mora Serrano, Premio Nacional de Literatura 2021

Friday, 05 February 2021
  Por JOSÉ RAFAEL SOSA 26-01-2021. Mora Serrano fue elegido en base a una extraordinaria labor en favor de las letras nacionales, indicó la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura. El reconocimiento trae consigo un premio en metálico de dos millones de pesos. La entrega el premio se realizará el próximo mes de febrero. SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura dieron a conocer hoy el veredicto del jurado del Premio Nacional de Literatura  2021, otorgando ese galardón al ensayista, docente,  gestor  e investigador literario Manuel Mora Serrano. Mora Serrano fue elegido en base a una extraordinaria labor  en favor de las letras nacionales, indicó la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura. El reconocimiento trae consigo un premio en metálico de dos millones de pesos. La entrega el premio se realizará el próximo mes de febrero. El jurado estuvo compuesto por los rectores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Universidad Central del Este (UCE), Universidad Católica de Santo Domingo (UCSD), el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), la Academia Dominicana de la Lengua,   y el voto del Ministerio de Cultura y de la Fundación Corripio, Inc. El presidente de Fundación Corripio y la Ministra de Cultura, tras dar a conocer el veredicto, procedieron a llamarle via telefónica e indicarle que era el ganador del principal galardón literario dominicano. Su vida Nacido en Pimentel en 1933, Mora Serrano es narrador, ensayista, docente de literatura e investigador literario. Nació en Pimentel en 1933. Se graduó de abogado en la Universidad de Santo Domingo en 1956. Es miembro honorario del Ateneo de Moca y de la Sociedad Renovación, de Puerta Plata. Presidió la Sociedad Literaria Admiversa. Se ha destacado por el cultivo del ensayo y la investigación literaria y por el impulso a los nuevos valores literarios, en especial los de provincia que son los de menos acceso al gran escenario nacional de las letras, de ahí la alegría que produjo el anuncio de su premio. Desde su columna “Revelaciones”, publicada en diferentes periódicos de Santo Domingo durante sus tres décadas de existencia, promovió a los principales protagonistas de la literatura nacional, especialmente a los escritores de la zona norte del país. Su bibliografía está integrada por  los títulos “Juego de dominó” (1973); “Español 6: Literatura dominicana e hispanoamericana” (1978); “Goeíza” (Premio Siboney en el género de novela, 1980); “Decir Samán” (1983); “El día que Dios oye al pobre” (1987); “El precio del fervor” (1999); “Antología poética de Domingo Moreno Jimenes” (1999)   “El ángel placido” (2010). Los Premios Nacionales Esta premiación, iniciada en 1990, ha sido recibida por grandes exponentes de nuestras letras, y hasta el 2017 ha recaído en los nombres de Joaquín Balaguer y Juan Bosch (1990), Manuel del Cabral (1992), Pedro Mir (1993), Manuel Rueda (1994), Antonio Fernández Spencer (1995), Marcio Veloz Maggiolo (1996), Virgilio Díaz Grullón (1997), Lupo Hernández Rueda (1998), Mariano Lebrón Saviñón (1999), Víctor Villegas (2000), Carlos Esteban Deive (2001), Hilma Contreras (2002), Franklin Domínguez (2003), Andrés L. Mateo (2004), Diógenes Valdez (2005), María Ugarte (2006), Diógenes Céspedes (2007), Bruno Rosario Candelier (2008), José Alcántara Almánzar (2009), Mateo Morrison (2010), Jeannette Miller (201 1), Armando Almánzar (2012), José Mármol (2013), Tony Raful (2014), Roberto Marcallé Abreu (2015), Ángela Hernández (2016), Federico Henríquez Gratereaux (2017) y Manuel Salvador Gautier (2018) y Manuel Matos Moquete (2019). El decreto El Premio Nacional de Literatura se sustenta en el  decreto número 383-16 mediante el cual se establecen modificaciones del decreto  anterior, el  número 423-89 que creó el Premio Nacional de Literatura, un galardón que cada año convocan y entregan conjuntamente el Ministerio de Cultura y la Fundación Corripio Inc. El decreto que modifica el Premio Nacional de Literatura fue emitido por el Poder Ejecutivo 27 de diciembre del 2016 y responde a las iniciativas emprendidas con el objetivo de adecuar las bases de este tipo de certamen en República Dominicana

Otros verbos que se conjugan como alinear

Thursday, 27 August 2020
Por. RAFAEL PERALTA ROMERO   Algunos amigos, lectores de esta columna, han reaccionado con sorpresa y hasta rechazo ante los señalamientos del artículo publicado el domingo 12 de diciembre, referido a la conjugación del verbo /alinear/, al que no pocos colocan tilde en la vocal /i/ de la raíz –aline. La influencia del sustantivo /línea/ ha conducido a muchos hablantes a acentuar de ese modo el referido verbo y las palabras derivadas de su conjugación. La costumbre de decir, por ejemplo, “alínio” le hace difícil a esas personas pronunciar “alinéo”, que es la forma correcta, aunque en la escritura no requiere la tilde. Hemos citado al respecto el Diccionario panhispánico de dudas, obra de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que lo puntualiza así: “En todas las formas en las que el acento recae en la raíz aline-, la vocal tónica es la -e-: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa], alinee [alinée], etc”. La misma conjugación de alinear siguen los verbos acabados en -linear, como delinear, desalinear, entrelinear, interlinear y linear, con los cuales podría incurrirse en los mismos errores. No son tan comunes como alinear, pero tienen su uso en actividades muy específicas. Revisemos sus respectivos significados: Delinear. (Del lat. delineare). 1. tr. Trazar las líneas de una figura.Interlinear. (De inter- y línea).1. tr. Escribir entre líneas. 2. tr. Impr. Espaciar la composición poniendo regletas entre las líneas. Desalinear.(De des- y alinear).1. tr. Hacer perder la línea recta. U. t. c. prnlEntrelinear.1. tr. Escribir algo que se intercala entre dos líneas.Linear2.(Del lat. lineare).1. tr. Echar líneas. Podrá resultar chocante, pero cada verbo de estos sigue el modelo de alinear, y la primera persona en el presente del modo indicativo será: delineo, interlineo, desalineo, entrelineo y lineo. Con la fuerza de entonación en la –e, en cada caso. ¿Soja o soya? El producto de la soya, planta leguminosa procedente de Asia, muy empleado para el consumo humano, se denomina soya en la mayoría de los países hispanohablantes, no obstante muchos escriben “soja” aunque pronuncien “soya”. Ese detalle me hizo suponer que el vocablo procede del inglés, pero mire qué sorpresa, proviene del japonés: shoyu. Esta grafía guarda más relación con la forma soya, con la cual se aproxima también fonéticamente. La prensa dominicana, cuando publica reportes sobre el cultivo o mercadeo de la soya en otros países, suele introducir la variante “soja”, usada en España y una parte de Argentina. Por ejemplo: -Argentina producirá casi tanto maíz como soja en la próxima campaña agrícola. – Un estudio de mayo de 2010 muestra las evidencias de los daños de la soja transgénica en la esterilidad y mortalidad infantil en hámsteres. El Diccionario panhispánico de dudas, editado por la Real Academia Española y las academias de América, explica el asunto del modo siguiente: Soya. La voz japonesa shoyu (‘planta leguminosa procedente de Asia’ y ‘fruto comestible de esta planta’) se introdujo en Europa a través del neerlandés con dos grafías, soya y soja, usadas ambas en español e igualmente válidas. En casi toda América se usa preferente o exclusivamente la forma soya: «La producción de soya en Guatemala atraviesa problemas» (Hora [Guat.] 28.2.97); mientras que en España y en el área del Río de la Plata se ha generalizado la forma soja (pron. [sója]): «La cotización de la soja pegó ayer un nuevo salto» (Clarín [Arg.] 2.4.97). De modo que las dos formas de escritura son válidas, pero si queremos decir “soya”, pues escribamos soya. ¿Para qué escribir “soja” si leeremos “soya”?. fuente: https://elnacional.com.do/otros-verbos-que-se-conjugan-como-alinear/ 

El romance como cuerpo de la memoria

Thursday, 27 August 2020
Por ODALÍS G. PÉREZ 03-02-2021 00:03.  Para él poesía y valor, poesía y ciencia, poesía y suelo, poesía y canto, poesía e historia, construyen ese diapasón cultural que instruye e intuye mundo, recuerdo y vida.  El poeta busca y se busca en el recuerdo porque es lo que ha quedado como cuerpo y visión del poema. La poética intuida y sensible que encontramos en su obra, resuena y se escucha en los versos del Romance de Francisco Javier Mellado Cortés, donde el locus miticus que ya es Albayzin, definido como… “el misterioso” y también “Claustro de mis tristezas. Que de niño yo sabía/ por la flor y la belleza/ y de muy niño lloraba a solas con mis quimeras…” (Op. cit. p. 17), se inscribe en otra poética más honda: la poética del recordar. De niño y en aquel espacio humano, pero también, y sobre todo originario, “…Presentía del mundo tanta miseria que en la calle me aguardaba a que mayor yo me hiciera”. (Ibídem)   “Ay, plaza del Albayzìn, que a ti te llamaron Larga; Como larga fue su espera y más la desesperanza”. (p. 19)   La poética de la vida y de la muerte se hace de recuerdos, nostalgias, pero también de historia. El poeta lo grita, lo re-vive, lo recuerda desde su lengua viva y desde el verso palpitante:   “Ay plaza del Albayzìn, que a ti te llamaron Larga, no quiero saber tu historia, “duquelas” hieren mi alma”. (p. 22)     La despedida que funciona a modo de epílogo del Romance, resume toda una historia de la voz poética andaluza que florece y construye un mundo de caminos y tiempos de la “esperanza”. Pues el poeta-cantor es el viviente de su creación y el soñador memorial de una poesía que se intuye y vive de su universo como fuerza y pensamiento de la voz que arde y sigue viviendo: “Han conocido la historia de un muchacho albaicinero; que antes de abrirse en flor se consumieron sus pétalos, y del rosal arrancados jamás florecer pudieron”. (p. 33)   Aquello que vocaliza y hasta dramatiza el poeta desde su voz que es casi de todos, hace recordar y madurar la historia: “La historia de una mujer, que madre tuvo de dicha de un hijo dar a luz; y màs tarde la desdicha de ver que la misma vida al vivir se lo perdía”. (Ibídem)     En su despedida, el poeta intuye y piensa en: “El embrujo de una plaza que árabe fue en su origen, y más tarde castellana en pie hasta hoy pervive para encanto del que viene a visitarla y gozarla; que de El Albayzìn nombrada se llama la Plaza Larga”. (Ibídem. (pp. 33-34)     Lo que explica la creación misma del poeta se hace legible en la mitopoiesis conclusiva del poema.  Las relaciones que desde lo interno y lo visional se apoya en el télos del poema crea su efecto en la historia-narración del poeta: “Concluiría así la historia del romance que les cuento, si no fuera porque faltan algunos principales hechos y preguntas sin respuesta… que paso a relatarles. Pues también portan mis penas, mis quejas y mis quimeras”. (Ibídem)       No deja de ser denuncia este poemario de don Rafael Delgado Calvo-Flores. Y sus acusaciones a la droga y a quieres la imponen y difunden es un punto visible en la “Despedida”, pues como nos recuerda el poeta:   … la droga no anda sola, ni desde el cielo ha venido; la trajeron unas manos, y otras manos repartido aun tan pobre muchacho que por ella ha sucumbido”. (p.36)   Para el poeta, la droga tiene sus víctimas que son de ayer y de hoy, de presente y de pasado: Francisco Javier, ayer; Pedro hoy; mañana Felipe… Páginas llenas de nombres con tinta sangre se escriben todos los días del año…” (Ibídem)   Indudablemente, el mito-poema que es también leyenda recuerda en sus octosílabos el romance y el cancionero lorquianos, bajo la estructura y dicción rítmicas que se deslizan en el placer de los tonos y acentos progresivos en esta estrofa que sintetiza y con ello concluye la Despedida: “Francisco Javier Mellado Cortés, de más noble casta. Cortés, de recia familia. De los Cortés de Granada. Cortés, de hondo Albayzìn. Cortés, de la Plaza Larga…” (Ibídem)   Finalmente, es importante a los fines de conocer el retrato y la etopeya de don Rafael Delgado Calvo-Flores, que para él poesía y valor, poesía y ciencia, poesía y suelo, poesía y canto, poesía e historia, construyen ese diapasón cultural que instruye e intuye mundo, recuerdo y vida. fuente: https://acento.com.do/opinion/8908489-2-8908489.html